A. Hitchcock: “Encadenados”

ENCADENADOS

Alfred Hitchcock, 1946

 

Con el paso de los años Encadenados se ha convertido en una de las piezas más representativas del estilo de Alfred Hitchcock. Una película donde sus maneras alcanzan una imponente cota de perfección, representada en un sinfín de elementos que van desde la medida elaboración de un guión absolutamente prodigioso a la contundencia de una puesta en escena que desprende una modernidad verdaderamente única. Una de las grandes virtudes que posee el film y que, en parte, le confiere ésta dimensión de atemporalidad se halla en la simplificación del origen de la trama. El conocido “MacGuffin” que tiene en ésta obra (y en la posterior Con la muerte en los talones) la más singular sublimación de su escasa importancia. Indiscutiblemente, Encadenados es, como no podía ser de otra forma, hija de su tiempo. De las secuelas del fin de la II Guerra Mundial y del temor a que una atrocidad semejante pudiera volver a suceder. En este aspecto, el hecho de que el condicionante de la trama hubiera estado articulado por algún elemento esencialmente coyuntural hubiera propiciado un pronto envejecimiento del film, así como un rutinario anclaje en las demandas oportunistas del momento. Por consiguiente, la supresión de cualquier elemento que enlazara de manera directa la película con la situación política reinante, se convierte en el aspecto más brillante y, a la par, arriesgado del guión de Ben Hecht, el cual se halla ceñido, estrictamente, a la creación de un poderoso triángulo amoroso en el que cualquier otro factor que en él interviene ocupa, de inmediato, un lugar completamente secundario.

Encadenados es, por entero, una historia de amor en la que los componentes que la circundan acaban por resultar complementos necesarios para que el drama romántico avance. Una historia de amor, además, sustentada en las emociones ocultas, en el sacrificio personal en pro de la ética profesional y en la que los personajes devienen seres atormentados que deben dejar a un lado sus emociones para llevar a cabo una misión que acaba convirtiéndose en una prueba que aseverará sus sentimientos, después de discurrir por un agónico proceso de aceptación. Ante ello, la mirada de Hitchcock se vuelve directa y sincera: la primera vez que vemos a Cary Grant está de espaldas, oscurecido, mientras que Ingrid Bergman tontea con sus invitados en estado de embriaguez. Cuando se quedan solos, la cámara rectifica su posición y muestra el rostro del actor. Mediante esta planificación se insinúa y materializa todo el proceso antes reseñado. Cary Grant, en penumbra, es un ser que ha de superar paulatinamente sus prejuicios para lograr la felicidad con el personaje de Bergman. Un personaje al que él ve, a lo largo de gran parte del film, simplemente como una mujer capaz de acostarse con cualquiera por dinero o diversión. El movimiento de cámara muestra la evolución a la que tiene que enfrentarse: desligarse de su repulsa ante el pasado de Bergman (así como el presente, provocado por unas circunstancias –el matrimonio con Claude Rains– que agravan su actitud al respecto) y aceptar, sin tapujos, el amor que le profesa. Ante ello, es muy posible que Encadenados sea (junto a Vértigo) la pieza más desesperadamente romántica de Hitchcock, así como la más turbia y compleja.

A este respecto, uno de los factores determinantes para que el film adquiera su concreta dimensión, se halla en el constante protagonismo de los objetos como dispositivos de tensión dramática. Ya el comienzo del film (un primer plano sobre el flash de una cámara) plantea la extraordinaria importancia que éstos elementos poseerán a lo largo de la película, adquiriendo, en ocasiones, matices marcadamente simbólicos. El pañuelo que Cary Grant pone alrededor del cuerpo a Ingrid Bergman o la botella de champán que compra en Río de Janeiro se convierten en objetos que pasan a definir estados anímicos o intencionales. El pañuelo se muestra como el intento de “regeneración” del personaje de Bergman que se verá frustrado en la ciudad brasileña y que ella le devolverá, casi como una renuncia (teñida de cierto rencor) después de su matrimonio con el personaje de Claude Rains. Por su parte, el detalle de la botella olvidada en la reunión con el FBI es el elemento con el que Louis Calhern se dará cuenta de la delicada situación en la que se halla Grant.

De igual manera, la creación de los momentos de tensión se halla supeditado a la presencia de piezas como la llave que abre la puerta de la bodega, la botella que contiene el uranio o la taza con el café envenenado. El juego visual que plantea Hitchcock es admirable dentro de su inabarcable sencillez: pasar, mediante determinados movimientos de cámara, del objeto a los personajes (o al revés), condicionando sus acciones o su propio destino a la presencia de las cosas. Revelador, a éste respecto, resulta la toma con grúa que pasa de un plano general de la fiesta en la mansión de Claude Rains a un plano detalle de la llave en la mano de Ingrid Bergman. Es decir, la simplificación de la situación, centrándose en la esencia semántica de la secuencia con un fin bipartito: ofrecer la información necesaria al espectador y, a la par, que ésta defina los estratos emocionales o psicológicos de los personajes. Idéntico cometido poseen momentos como el descubrimiento de la botella rota por parte de Rains o, sobre todo, la panorámica de seguimiento de la taza de café que termina en un primer plano de Ingrid Bergman.

La dicotomía entre lo general y lo particular también se utiliza como una manera de subrayar el punto de vista de los personajes y, a la par, ampliar el grado de intimismo entre sus relaciones. La legendaria secuencia de la escalera sorprende, amén de por su imponente pericia técnica (principalmente en lo que respecta al montaje, algo que suele obviarse cuando se habla de las secuencias concebidas por Hitchcock), por su oscilación entre las tensas conversaciones de los personajes que descienden (mostrados en primeros planos y dilatando hasta lo inimaginable el tempo de la escena) y el deseo de aparentar normalidad ante el grupo de nazis (optando por los planos generales, sin manipular los aspectos temporales). Ello propone una apasionante revisión del concepto del punto de vista manejado por Hitchcock en el cual éste varía dentro de una misma unidad espacial con el fin de transmitir dos visiones opuestas y, a la par, integrar cuatro visiones distintas (los cuatro personajes que descienden la escalera) dentro de un mismo estado emocional.

Penetrante e hipnótica, repleta de geniales hallazgos formales, Encadenados representa una de las más altas cimas de la trayectoria de Alfred Hitchcock. Una obra maestra absoluta.

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