Artemisa, “Señora de Éfeso”

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Artemisa (Diana romana) fue una de las diosas de la mitología griega que alcanzó mayor devoción durante toda la época clásica.

Artemisa es hija de Zeus y Leto, y por tanto una consecuencia más de los deslices del padre de los dioses, frente a los que su mujer Hera siempre actuaba de forma implacable. Por eso Leto hubo de refugiarse en la isla de Delos, y parir allí en medio del ruido ensordecedor que provocó Poseidón para que Hera no se enterara de sus gritos. Así nació Artemisa y al día siguiente su hermano gemelo, Apolo. Aunque también hay tradiciones que indican que Artemisa nació antes de que su madre llegara a Delos, en Ortigía, o en Éfeso, lo que explicaría la fuerte devoción a la diosa en esta ciudad.

También cuenta la tradición que la propia Artemisa ayudó a su madre en el parto de su hermano, y viendo el sufrimiento de aquella, le pidió a Zeus no parir jamás, por lo que se convertiría en una diosa virgen. Ello explicaría su devoción relacionada con la fertilidad, los nacimientos y la juventud de la mujer. Si bien por otra parte también se relaciona con el culto a la naturaleza, por lo que se la representa como cazadora y diosa de los animales salvajes.

Ambas devociones ponen a Artemisa en relación con los cultos más ancestrales relacionados con la mujer. De hecho, el mismo Homero la considera una diosa prehelénica y como tal relacionada con los dos cultos más característicos asociados a la imagen de la diosa madre: la fertilidad y la tierra o la naturaleza. Teniendo en cuenta además que su devoción más antigua y fervorosa se produce en Asia Menor, no es de extrañar que como diosa de la naturaleza se relacione con la Kubaba hitita, de la que derivaría la Cibeles frigia, que en tantos aspectos coincide con Artemisa. Todas derivaciones de un mismo culto ofrecido a la diosa madre en toda Anatolia desde el Neolítico.

Por otra parte, también hay iconografías de Artemisa en las que aparece como una diosa de la fertilidad, equivalente a la Astarté fenicia, la diosa Isthar babilónica, o la propia Afrodita. Ese sería el caso de algunas de las esculturas de Artemisa más hermosas y originales conservadas, las que se encontraban en el gran templo de Artemisa en Éfeso o en otros edificios, y hoy conservadas en el Museo de Éfeso, en Selçuk. Todas derivan a su vez de la imagen de una xoana de madera que se conservaba en el templo desde sus primeros tiempos.

De las que se conservan la más hermosa es una copia al parecer de la xoana original en madera, una gran estatua procedente del Pritaneo o casa de gobierno levantada por Augusto a la entrada de la ciudad. Se fecha alrededor del S. II y está realizada en mármol. Presenta una imagen rígida y de bloque que por su disposición, frontalidad y simetría podría perfectamente relacionarse con las korés del periodo arcaico, si no fuera por la decoración exuberante que la adorna. Lo que tampoco debería de extrañarnos si en efecto se trata de una copia de la xoana primitiva.

La figura se cubre como decimos con todo un alarde de motivos iconográficos, principalmente detalles zodiacales en el collar y animales variados en el faldellín y rodeando su cabeza, en clara alusión a su poder sobre la naturaleza, que se completa con los dos venados a sus pies. Aunque su imagen más característica se encuentra en las protuberancias que afloran a su pecho y a las que se les han dado diversas interpretaciones: como pechos, huevos alusivos a la fertilidad, testículos de toros sacrificados, o la más plausible, perlas de ámbar, que al parecer era lo que decoraba la imagen primitiva de la xoana en madera. En todos los casos se trata de alusiones directas a su culto relacionado con la fertilidad.

Una pieza de exquisita belleza porque curiosamente combina el estatismo y la simplicidad formal de la estatuaria arcaica, con el detallismo preciosista de una escultura tallada en época helenística. Lo que unido al brillo reluciente del mármol hace de esta pieza una obra extraordinaria.

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