Augusto de Prima Porta (García Bellido)

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Antonio García Bellido es sin lugar a dudas el mejor especialista que podemos consultar sobre arte romano, y su “Arte romano” una de las obras de referencia para conocer en profundidad todo lo concerniente a este estilo, y desde luego un libro que será muy difícil que alguien lo supere en rigor, seriedad, amplitud de conocimientos y erudición. Por ello, su comentario del Augusto de Prima Porta es inmejorable, y lo trascribimos completo para su total aprovechamiento por todos nuestros usuarios.

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“De los muchos llegados a nosotros destaca señeramente el hallado en 1863 cerca de Roma, en el lugar llamado Prima Porta, en las ruinas de una Villa de Livia, esposa de Augusto. Esta villa, conocida como Ad Gallinas Albas en su tiempo, proporcionó también pinturas parietales. La estatua, obra excelentemente conservada, hoy gala del Museo Vaticano, es una de las creaciones capitales legadas por la época de Augusto. Las alusiones históricas que dieron motivo al ornamento de la coraza que viste Augusto datan la obra en el año -20, fecha en la que el emperador frisaba en los cuarenta y tres años (se ha insinuado que sus desnudos pies suponen una heroización del emperador y que, por tanto, la escultura pudo ser labrada tras su muerte). El gesto imperial de su alzada mano, su traje militar de gala (túnica, coraza y paludamentum) nos dicen que Augusto está dirigiéndose a sus legiones en una alocución militar, en una arenga. Al gesto acompaña la severa dignidad de su rostro, frío, prudente, enérgico, consciente, preocupado de sus pensamientos y palabras. Estas parecen brotar de sus labios, casi cerrados, como finos dardos que saben dónde está el blanco. Sus pupilas brillantes disparan destellos de luz a través de la penumbra que en ellas pone el duro ceño de su frente, fruncida por la responsabilidad y solemnidad del momento. La magnífica coraza metálica muéstranos en su peto varios grupos históricos y alegóricos repujados. En el centro, una figura militar (¿ Tiberius?, ¿el Marte itálico con la loba romana?) recibe del legado partho, las insignias militares arrebatadas a Crassus en la desdichada acción de Carrhae (año -53) y a Antonius en la no menos triste de Phraata (-36).

La devolución de estas insignias tuvo lugar en el año -20. A derecha e izquierda, sentadas, llorando su derrota y vencimiento, las personificaciones de Hispania y Gallia, las dos provincias acabadas de dominar por Augusto, victorias que hubieron de motivar la erección del Ara Pacis. Hispania, a la izquierda, con su arma nacional, el gladius hispaniensis; Gallia, a la derecha, con su trompeta de guerra, su insignia y su espada ya inútiles (son dudosas estas interpretaciones, otros prefieren Germania y Dacia). Arriba y abajo, como espectadores de estas hazañas augústeas, Caelus (el Cielo) cubriendo con su desplegado manto el curso del Sol, cuya cuadriga va guiada por las personificaciones del Rocío y de la Aurora, esta última con la antorcha de Phosphoros, y abajo, Tellus (la Tierra) con la cornucopia en sus manos y dos niños en su regazo, tal vez alusión a Rómulo y Remo. Por bajo de Hispania y Gallia, las dos deidades hermanas protectoras de Augusto: Apollon y Diana, invocados en el Carmen Saeculare de Horacio, compuesto con motivo de los juegos celebrados en la conmemoración del jubileo de Roma en el 17 antes de la Era. Apollon cabalga sobre el grifo; Diana, sobre la cierva.

De sumo interés para restituir in mente el efecto estético de la estatua de Prima Porta son los restos de amarillo, rojo purpúreo y grana, que aún conservaba la figura en el momento de su hallazgo. El pequeño Eros, que juega sobre un delfín a los pies de Augusto, no compone bien con la solemnidad del gesto y del momento. Probablemente fue una adición del traductor, que trasladó al mármol un original en bronce, en el que esta adición inoportuna no era necesaria. Supo, sin embargo, no desperdiciar la ocasión, simbolizando con estos añadidos el origen de la Gens Iulia.

La estatua de Prima Porta fue, sin duda, creación de un griego, como griego hubo de ser también el escultor del Ara Pacis y el creador del retrato idealizado de Boston. Griego es igualmente el hecho de que a la expresión del momento sirva no solo el rostro, sino también la actitud general de la figura. El maestro de la estatua de Prima Porta fue, pues, un griego adaptado a Roma, un griego que experimentó el potente influjo de la Roma augústea. Su obra fue una síntesis orgánica que halló su momento de cristalización en suelo romano. Consecuente con el momento por que pasaba entonces el arte, hizo una adaptación, todo lo genial y libre que se quiera, pero adaptación al fin y al cabo, del Doriphoros policlético, al cual vistió de coraza, le obligó a alzar el brazo y diole a su cabeza las facciones de Augusto. El tipo así creado era ya, en esencia, conocido del arte helenístico.

 

 

GARCÍA Y BELLIDO, A : Arte romano. CSIC. Madrid. 1990 (1955)., pág 193-196.

 

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