Barroco efímero en Valencia

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“El aspecto más espectacular de la fiesta fue sin duda la participación en ella de los carros o “rocas”. Su origen, como el de su nombre, es oscuro. Orti da como fecha de sus salidas el año de 1535, pero probablemente son más antiguas, pues en 1373, a la entrada en Valencia de Doña Mata, esposa del futuro Juan I, salieron algunas. Volvieron a salir en una fiesta en 1402. El “Manual de Consells”, en fecha 7 de mayo de 1415, contiene un acuerdo de los Jurados de pagar algunas rocas en nombre de la Ciudad. En cualquier caso, sabemos que en la época […] eran elemento imprescindible en las procesiones y habían perdido gran parte de su primitivo carácter de tablado teatral ambulante para convertirse en auténticos monumentos, plagados de imágenes y escenas. En las procesiones de la fiesta de 1662 salieron nada menos que treinta y nueve, distribuidas del siguiente modo: once de la Universidad (una de ellas perteneciente a la Ciudad y que solía salir en el Corpus), tres de la Ciudad y veintitrés de los Gremios.

Unas contenían personas y animales vivos (carros de locos, de gitanas, de musas, de perros y gatos, etc.); en algunos casos sus ocupantes arrojaban al público dulces, estampas, coplas impresas o productos del propio Gremio. Casi todas las rocas de nuestra fiesta son naviformes, pero sólo algunas representan verdaderamente naves, con su arboladura y el mar fingido debajo (carros de los Curtidores y de los Pescadores). Las hay también en forma de animal fabuloso, como la magnífica de los Carpinteros, que obtuvo el segundo premio, cuyo monstruo arrojaba por las fauces humo y chispas, o la de los Armeros, en forma de dragón. Estaban vistosamente pintadas, siendo uno de los colores más empleados para sus ornamentos el dorado. Los adornos no sólo eran figurados por medio de pintura o talla, sino también de ricas telas, plumas y algodón. Sus flancos iban adornados en muchos casos con escudos y tarjas en las que se pintaron jeroglíficos alusivos al gremio y a la festividad. En algunos, los muñecos o ciertos elementos se movían por medio de mecanismos ocultos. No conocemos a sus autores, que fueron sin duda miembros del Gremio de Carpinteros, muy diestros y no carentes de sentido del humor.”

(Pilar Pedraza: “Barroco efímero en Valencia”. 1982)

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