Belerofonte y la Quimera

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Belerofonte, Pegaso y Atenea. Fresco pompeyano. Caupona de B. Placidus. S. I d.C. 

La Quimera era un monstruo mitológico formado con un cuerpo y cabeza de león, otra cabeza de macho cabrío y cola rematada en una cabeza de serpiente, que no paraba de escupir fuego por sus diversas bocas. Por tanto tiene sus connotaciones simbólicas y mitológicas con los dragones, aunque también vendría a representar las tres formas características de la perversión humana; la vanidad, representada por la serpiente; la concupiscencia sexual, simbolizada por el macho cabrío; y el autoritarismo, por el león.

El caso es que este monstruo terrible, hijo de Tifón y Equidna y a su vez padre de la Esfinge y del León de Nemea, se dice que vagaba por Asia Menor asolando a los campesinos y sus rebaños.

La Quimera sería finalmente vencida por Belerofonte, un mortal hijo de Maluco y Eprimedes. Parece ser que mató al monstruo atravesándolo con su lanza, cuya punta estaba hecha con el plomo fundido por las propias llamas exhaladas por la Quimera, aunque en realidad el éxito de Belerofonte sólo fue posible porque Atenea le envió a Pegaso, el caballo alado, como ayuda.

Belerofonte se convierte así en un símbolo también de la hibris griega, pues envanecido por su proeza se creyó con derecho a entrar en el Olimpo y rivalizar con los demás dioses. Así que estos lo arrojaron al hades sin contemplaciones, donde hubo de padecer el castigo de Ixión, atado mediante serpientes a una rueda de fuego en perpetua rotación.

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