Botines de guerra, colecciones y museos de arte…en España…

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“El mismo programa [de expolio, que en Europa, Egipto,…] fue aplicado cuando los ejércitos imperiales atravesaron la frontera española. Mientras los generales de Bonaparte se vanagloriaban de proteger las artes y de haber embellecido las ciudades españolas  —sembrándolas de plazas, alamedas y fuentes, como había hecho Thibault en Burgos—, en las operaciones de conquista se arrasaban palacios, iglesias y ciudadelas, y se amonedaban las alhajas de oro de las catedrales, como sucedió con el tesoro de la de León. Así, uno de los generales franceses, Nicolas-Jean-de-Dieu Soult, ordenó que los cuadros de los conventos e iglesias de Sevilla fueran llevados a un depósito, donde los expertos hicieron una tasación para seleccionar las mejores piezas. El malandrín logró que los eclesiásticos le legaran los cuadros en calidad de donación, lo que le permitió, a su regreso a Francia, retirarse el resto de sus días gracias a los beneficios que le procuró la venta.

Pero no sólo actuaban así las tropas francesas. También las guerrillas en su resistencia y los aliados ingleses se aprovechaban de las excepcionales ocasiones que la guerra ofrece para todas las formas del expolio. Son numerosos los testigos presenciales que relatan la feria que se produjo en la batalla de Vitoria, ya al final del conflicto. En medio del desbarajuste, ingleses y franceses se peleaban por meter mano en los convoyes que llevaba el Intruso [José Bonaparte, rey José I], en un ambiente alucinante en el que los cañones y furgones volcados, la artillería y los carros militares se mezclaban con “decoraciones teatrales, botes de metralla, objetos de tocador y repostería, armas rotas, tambores, sedas, bordados y ricas joyas confundidas”. Es en esta circunstancia donde tiene su origen la formación de la colección Wellington, un excelente tesoro de pinturas españolas, que dará lugar al museo “Apsley House” [ver enlace de abajo], en Londres, integrado por los envíos de obras de arte que los generales ingleses remitieron a su jefe del Estado Mayor, pues los soldados rasos no manifestaron interés más que por la parte suntuaria del botín. Wellington hizo cabales ofrecimientos de devolver un patrimonio que no le pertenecía, pero el repuesto Fernando VII, conmovido por su delicadeza, no deseó “privar a V. de lo que ha venido a su posesión por medios tan justos como honorables”.

En lo concerniente a la política museística, el rey José, que era un convencido masón anticlerical y un defensor de los valores intelectuales de la Ilustración, ordena la extinción de las órdenes religiosas y, de acuerdo con el modelo político francés, dicta un lacónico decreto (de 20 de diciembre de 1809) donde instruye la formación de un Museo de Pintura con los objetos recién incautados a los conventos y con cuadros tomados de los que el francés llama “nuestros palacios”. Todo ello con el instructivo fin de sacar a la luz pública la multitud de obras que, “separadas de la vida de los conocedores”, se encontraban encerradas en claustros, gabinetes y capillas, para que sirviesen de guía al talento y se procurase la gloria de la inmortalidad a los célebres pintores españoles. También se obligaba a las diez primeras familias de la corte a contribuir con aportaciones de su patrimonio artístico. […]

En el decreto en cuestión, el Intruso manda también la separación de una nutrida muestra de pintura española destinada al museo parisino de su hermano. A tal efecto, designa una comisión integrada por el pintor Maella, el restaurador Napoli y el propio Goya, cuyo patriotismo viene aureolado de la leyenda según la cual eligió para la exportación las obras más mediocres y estropeadas. Se trabaja de cincuenta lienzos de Velázquez, Zurbarán, Coello, los Ribalta y otros. […]

Así es como llega a España este modelo un tanto singular de museo público, que, desde la Francia republicana, se exporta a Italia, Bélgica, Alemania, Polonia, por la mediación violenta de los ejércitos napoleónicos. […] Estos museos bonapartistas constituyeron en muchos de los lugares conquistados el primer impulso museístico oficial, clave simbólica de la política modernizadora y anticlerical de los primeros Estados burgueses, que Bonaparte quiso implantar en su imperio europeo.”

(María Bolaños: “Historia de los museos en España”. 1997)

Podemos disfrutar de una visita virtual a las obras conservadas en Hapsley House (acceder a dos pdf que muestan el catálogo de pinturas y otros tesoros que Wellington reunió en la “Peninsular War”) haciendo clic AQUÍ.

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