Brueghel y la realidad

“Los hombres que trabajan no constituían el tema central en el arte italiano del Renacimiento, pero en cambio sí lo constituyeron en el arte de Holanda. En este país una burguesía consciente supo disponer de ricos recursos artísticos para representar al plebeyo activo y no al pobre Lázaro, al mendigo pasivo, al hombre doliente del arte gótico; no ya al pastor ficticio del barroco de opereta sino al campesino y el artesano en su función de productores, en su actividad social. En Brueghel los trabajadores están constantemente presentes. Se ha señalado a menudo, con razón, que existe una relación interna entre Brueghel y Rabelais, Cervantes y, sobre todo Shakespeare. Pero la actitud de Shakespeare era hasta cierto punto aristocrática, sobre todo en muchas de sus escenas rústicas. En la obra de Brueghel no se encuentra rastro alguno de esta actitud. El historiador austriaco del arte Max Dvorak tenía toda la razón cuando escribió:

“Brueghel fue el primer artista para quien las escenas populares y realistas no eran un simple decorado teatral. La vida era para él la medida de todas las cosas humanas y la realidad en que se sumergió para estudiar o descubrir las necesidades, las debilidades, las pasiones, las costumbres, los hábitos, los pensamientos y los sentimientos que rigen al género humano.”

La representación del trabajo agrícola y de los trabajadores en general es, en los cuadros de Brueghel una afirmación constante, sin ninguna idealización, pero también sin protesta social o aprobación. Las campesinas con su paso enérgico, los campesinos que siegan una espesa masa de trigo parecida a un muro rojizo sólidamente construido, el calor de la cosecha, el trajín de los segadores; todo parece afirmar: “¡Así es y que siempre sea así¡” El arte de Brueghel encuentra en sí mismo su propia significación y su confirmación, sin sensiblería y sin embellecimiento de ningún tipo. Los trabajadores no están iluminados por una falsa belleza, ninguna aureola invisible cierne sus cabezas; sus rasgos característicos, vigorosos y toscos estan dibujados con mano segura y se aproximan a menudo a la caricatura. Pero estas caricaturas no expresan nunca, como ocurre a veces en Shakespeare, un desprecio por los plebeyos; expresan la determinación del verdadero realista de representar el pueblo tal como es, con sus cualidades y sus vicios, su fuerza y sus insuficiencias, y no bajo el aspecto de pastores virtuosos o de “nobles hijos de la naturaleza”. Al pintar así, Brueghel se convirtió en el portavoz de la burguesía ascendente y segura de sí misma.”

(Ernst Fischer: “La necesidad del arte”. 1959)

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