Canova ante Fidias

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Cuando Canova estaba en París, los ingleses le solicitaron su opinión sobre los mármoles del Partenón, de modo que en el otoño de 1815 viajó a Londres, donde fue recibido efusivamente. Allí tuvo ocasión de ver por primera vez las obras de Fidias del Museo Británico. Los mármoles que Lord Elgin había traído desde Atenas causaron en el ya maduro escultor un impacto extraordinario. La célebre carta dirigida a Quatremère de Quincy, escrita el 9 de noviembre de 1815 es suficientemente reveladora del alcance que ese acontecimiento supuso:

…He visto los mármoles traídos de Grecia. (…) Si es verdad que estas obras son de Fidias o que él haya puesto en ellas su mano para terminarlas, demuestran claramente que los grandes maestros eran verdaderos imitadores de la bella naturaleza. No tenían nada de afectado, nada de exagerado, nada de duro, nada de aquellas partes que se llamarían convencionales o geométricas. (…) Las obras pues de Fidias son verdadera carne, es decir, verdadera naturaleza (…)

Es carne el Mercurio sin brazos de Belvedere, es carne el Torso, es carne el Gladiador combatiente, carne las múltiples copias del Sátiro de Praxiteles, carne el Cupido, cuyos fragmentos se encuentran por todas partes, carne la Venus, y además una Venus de este Real Museo es verdadera carne, totalmente verdadera: así son los dos sátiros más pequeños que el natural, etc.

…Debo confesarle, querido amigo, que el haber visto estas cosas bellas ha estimulado mi amor propio; porque yo siempre he tenido la opinión de que los grandes maestros debían haber trabajado así y no de otra manera… 

CANOVA,A: Carta a Quatremère de Quincy. En REYERO,C: Antonio Canova. El arte y sus creadores. Vol. 27. Historia 16. Madrid 1993, págs 111-112 .

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