César Álvarez Dumont

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Contemporáneo de Joaquín Sorolla, Ignacio Zuloaga, Darío de Regollos, Hermenegildo Anglada Camarasa, Santiago Rusiñol, Joaquín Mir, Ramón Casas, Isidro Nonell, o José María Sert, César Álvarez Dumont, pertenece a una generación afortunada de la pintura española, que entre finales del S. XIX y principios del XX, sentará las bases del Siglo de Plata del arte español. Evidentemente la aportación de César Ávarez Dumont, como la de su hermano Eugenio, fue mucho más modesta, aunque se movió también dentro de ese amplio espectro de pintura de historia y costumbrista que inundará los certámenes nacionales.

Nacido en Portugal (San Antonio de Villarreal, Portugal. 1866-Marbella 1945) se le considera en realidad un pintor malagueño y fue un autor, que como otros artistas de similar trayectoria, ocupó importantes cargos institucionales, pues fue Director de las Escuelas de Bellas Artes de Málaga, Sevilla y Cádiz. También estuvo, como tantos otros, becado en Roma, y marchó a París cuando a finales de siglo la ciudad bullía de innovación y creatividad artística. Obtuvo sus condecoraciones y medallas en las Exposiciones Nacionales e incluso en las extranjeras de Chicago (1893) y París (1895), si bien ha pasado a la historia por sus cuadros de género, en los que rememora dos de los momentos más dramáticos de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Se trata de la “Defensa del púlpito de la Iglesia del Convento de San Agustín” Museo Provincial de Zaragoza. 1887; y “Heroica defensa de la Torre de San Agustín en Zaragoza” Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza (1884).

Ambas obras se relacionan con la defensa del convento agustino, que construido en el S. XVII, pero transformado en fuerte de Intendencia Militar después de la Desamortización de Mendizábal, se había convertido en un bastión fundamental en la defensa de la ciudad frente a la invasión napoleónica. Al fin y al cabo el convento se encontraba en un punto muy vulnerable, cercano al río y por donde los franceses decidieron concentrar el asalto a la ciudad durante el segundo sitio de la misma, tras haber fracasado en el primero. En esta ocasión no hubo opciones frente a los casi 50.000 franceses que atacaron Zaragoza y que abrieron brecha precisamente en este punto. Por eso la lucha en el interior del convento y en la misma iglesia fue brutal y desesperada, defendiéndose cada capilla y cada tramo, palmo a palmo.

Esta dramática situación es la que plasma Álvarez Dumont en el cuadro de la Defensa del púlpito de la Iglesia del Convento de San Agustín, con enorme realismo, logrando recrear con intensidad la atmósfera de lucha encarnizada y violentos combates que allí se produjeron. Su pintura de preciso dibujo y realismo clásico; sus efectismos lumínicos con fuertes contrastes de luz y sombra; y la dramatización escénica a base de actitudes y expresiones enfatizadas, logra transmitir al espectador el efecto deseado. Una pintura, que no por poco conocida, no deja de ser de magnífica hechura.

En la actualidad, del viejo edificio barroco donde sucedieron los hechos, sólo se conserva la fachada de la iglesia y una pared del convento, que han sido restauradas y forman dos lados de la plaza de San Agustín. Hoy forman parte de la biblioteca María Moliner y del Centro de Historia de Zaragoza.

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