Cordero Místico

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“Paseo por Gante. Porque la catedral de San Bavón se encontraba cerrada ayer, tuvimos que repetir hoy el viaje. Dentro la atmósfera estaba helada, hacía más frío en el interior de la gran nave que en la calle, donde ya habíamos tiritado durante casi un cuarto de hora, mientras aguardábamos a que abrieran. Íbamos, no sería necesario decirlo, en busca del Cordero Místico, que esperaba ver en su lugar de siempre, en la capilla mortuoria de Joos Vijd y de su mujer Isabela Borlunt. Ya no está allí. Lo han pasado a otra capilla, la de la Ciudad, a la izquierda de la entrada, donde es posible, finalmente, contemplar el tríptico de frente, y no como antes, en ángulo oblicuo, forzado por la disposición de la barrera colocada en el acceso a la antigua capilla. Lo que se ha perdido con el cambio es el motivo aparente de las sombras que las figuras lanzan sobre la tela… Como la luz natural, en la capilla Vijd, entraba por el lado derecho del observador, Humbert y Jan Van Eyck pintaron su Cordero Místico de tal modo que las sombras de las figuras pareciesen causadas por ella: hecho a propósito para el lugar, el tríptico, como una joya que se hubiese adaptado al estuche donde acabaría siendo recogida, tomó de éste lo poco que necesitaba: unas sombras tan sólo. Hoy, las sombras que quedaron en la capilla Vijd no iluminan nada”

(José Saramago: “Cuadernos de Lanzarote II (1996-1997”)

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