Corey Arnold

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“El mar que les rodeaba se enturbió y se oscureció, y luego se elevó encrespado en una lluvia de diminutos peces plateados, y en un espacio de cinco o seis acres el bacalao empezó a saltar como las truchas en mayo. Mientras tanto, detrás del bacalao, tres o cuatro anchos lomos grisáceos parecían bullir en el agua.

Todos gritaban e intentaban levar su ancla para llegar al banco, y su cabo se enredaba con el del vecino y decían lo que les salía del corazón. Se zambulló con su red lleno de furia, y advertía y aconsejaba a sus compañeros a gritos, mientras las profundidades burbujeaban como una botella de soda que se acaba de abrir, y bacalaos, hombres y ballenas se lanzaron a la desafortunada carnada. Harvey casi recibe un golpe de la red de Dan. Pero durante todo ese tumulto vio, y nunca olvidó, el ojo perverso (como el ojo de un elefante de circo) de una ballena que prácticamente se desplazaba por la superficie del agua, y, como él decía, le guiñaba el ojo a él. Tres botes descubrieron que estos temerarios cazadores del océano habían enredado sus aparejos, y los remolcaron a media milla de distancia antes de que los marchapiés dieran con la red libre.

Entonces el capelín se alejó, y cinco minutos después no había sonido alguno a excepción de las salpicaduras de las pesas de plomo, los aletazos del bacalao y los golpes de los mazos para aturdirlos. Consiguieron una maravillosa pesca. Harvey podía ver los brillantes bacalaos debajo del agua, nadando lentamente en grupos, mordiendo el anzuelo con la misma regularidad  con la que nadaban. Las leyes del banco prohíben estrictamente que un sedal  tenga más de un anzuelo cuando los botes están en La Virgen o en los bancos del Este, pero los botes estaban situados unos tan cerca de los otros que incluso se enredaban esos anzuelos únicos, y Harvey se halló discutiendo acaloradamente con un velludo hombre de Terranova a un lado mientras un portugués gritaba al otro lado.”

(Ruyard Kipling: “Capitanes intrépidos. Una historia de los grandes bancos”. 1896)

El relato de Kipling refleja perfectamente el mundo que ha recogido el fotógrafo norteamericano Corey Allen (San Diego, California, 1976) en sus series dedicadas al mundo y la cultura de la pesca. Además de fotógrafo, Allen es pescador y ha vivido a fondo el mundo de la pesca durante muchos años en zonas y bancos de Alaska, el mar de Bering, España, Francia, Holanda, Escocia, Grecia, Noruega, Irlanda, entre otros. En sus imágenes descubrimos a un auténtico narrador, como fotógrafo documentalista que es, de la dureza del trabajo y de la vida de los pescadores en alta mar, así como también se muestra la belleza de las especies y paisajes marinos, unido a un modo de ver donde el humor, el surrealismo y la ironía tienen también cabida. Para acceder a su web pinchar AQUÍ.

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