Corredor vasariano

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Entre la primavera y el otoño de 1565 el arquitecto GiorgioVasari (1511-1574), por encargo del Gran Duque de Florencia, Cosme I de Médicis, construyó, en cinco meses, un corredor elevado y cubierto, de casi mil metros de longitud, que comunicaba la residencia oficial de los Médicis (Palacio Pitti) con el Palazzo Vecchio y con el palacio Uffici (construido igualmente por Vasari, entre1560-1581), lugar de gobierno y trabajo del Gran Duque, atravesando el río Arno sobre el puente Viejo (Ponte Vecchio). Dicho pasaje evitaba a los Médicis recorrer cada día las calles de Florencia con una fuerte escolta y exponerse así a posibles atentados de los enemigos que se había ganado al eliminar en la ciudad de Florencia el régimen republicano y sustituirlo por uno dictatorial.

El corredor vasariano se inicia en el Palazzo Vecchio y continúa por la Galería Ufizzi. El tramo de la galería Uffizzi alberga actualmente una galería de autorretratos de Andrea del Sarto, Beccafumi, Bernini, Annibale Carracci, Guido Reni, Salvator Rosa, Rubens, Canova, Hayez, Corot, Ingres, Delacroix, Ensor y muchos otros.

El corredor continúa luego sobre el puente Vecchio y corre sobre la hilera de casas que lo ocupan en casi toda su longitud. El espacio sobre el Ponte Vecchio —tras su destrucción por la inundación de 1333, fue reconstruido en 1345, por el arquitecto y pintor Taddeo Gaddi. Hoy es el puente más antiguo de Europa construido en piedra—, que había sido monopolizado desde 1442 por la asociación de carniceros y otros comerciantes —el puente estaba exento, desde antiguo, de tasas e impuestos—, verá ahora, con la construcción del “corridoio vasariano“, como el Gran Duque, para aumentar el prestigio del puente, prohibe a los carniceros sus actividades comerciales en dicho lugar. Tras la expulsión, el sitio vacante fue ocupado de forma inmediata por los joyeros, orfebres y comerciantes de oro. Los visitantes de Florencia pueden comprobar hoy como los comerciantes de joyas siguen ocupando el puente. Tambien se dice que la nariz del Gran Duque no podía soportar, al pasar por su corredor particular en el tramo del Ponte Vecchio, el olor de las carnicerías allí instaladas.

(Y ya puestos a contar anécdotas sobre el Ponte Vecchio, parece ser que el término “bancarrota” se originó en este mismo puente. Cuando un vendedor no podía pagar sus deudas, su puesto de venta, su mesa, era rota (“banco rotto”) por los soldados que controlaban la actividad del puente. Con la mesa rota el comerciante no podía vender sus mercancías.)

En la Segunda Guerra Mundial, Mussolini mandó abrir tres ventanas panorámicas en el tramo del puente del “corridoio vasariano” para permitir apreciar a los líderes nazis las vistas sobre el río Arno durante una visita de éstos a Florencia con motivo de la firma de una alianza entre los gobiernos italiano y alemán. El Ponte Vecchio, a diferencia del resto de los puentes de Florencia, se salvó de la destrucción de los bombardeos alemanes de la ciudad dado que su anchura no permitía el paso de los tanques de los ejércitos aliados.

El Corredor de Vasari fue además lugar de paso de soldados y guerrilleros durante la Segunda Guerra Mundial. Testimonio de ello es el film de Rosellini, titulado “Paisà“, donde el Corredor Vasariano es el escenario donde el protagonista consigue pasar de incógnito —con escenas de vandalismo desarrolladas entre estatuas antiguas de los Uffizi—, entre una y otra orilla del Arno, y culminar así su misión bélica.

Tras cruzar sobre tres hermosos arcos apoyados en columnas, —-superpuestos al arco central del puente y por encima de las casas que ocupan el Ponte Vecchio—-, el Corredor Vasariano llega a la orilla izquierda del río Arno.

En esa orilla el corredor sigue su curso y acaba encontrándose en su camino con la torre de Mannelli, familia que se opuso enérgicamente a que el corredor destruyese su torre. Hoy podemos ver como el corredor, mediante una serie de ménsulas, rodea la torre y sigue después su camino. Al llegar a la iglesia de Santa Felicita el corredor continúa su recorrido ocupando y ocultando totalmente su fachada. Ni la Iglesia pudo evitar que el corredor vasariano de Cosme I de Médicis pasase por delante —como ya lo había hecho antes en su recorrido con tantas casas de tantos florentinos—- y dejase en un segundo plano la entrada del templo. Aprovechando la ocasión, los Médici ordenaron conectar el corredor con el interior de la iglesia, mediante un mirador, para poder asistir a la misa de Santa Felicita sin ser vistos. Finalmente, tras asistir a la misa, los Médici, después de  atravesar la parte superior de las casas y jardines de la familia Guicciardini, llegaban a los Jardines de Boboli (una de las salidas está junto a la Gruta de Buontalenti) del Palazzo Pitti, su lugar de residencia.

En diciembre de 2010 el CORREDOR VASARIANO —desde el que se pueden disfrutar de vistas inéditas y magníficas tanto de las calles de Florencia como de sus alrededores—, se cerrará a los visitantes para ser sometido durante tres años a tareas de restauración. Vasari, Bronzino y Cellini, artistas que los retrataron, les construyeron edificios, joyas y esculturas, podrían contarnos incontables anécdotas de ese mundo gobernado por los cultos y crueles tiranos que fueron los Médicis.

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