D. Vertov: “El hombre de la cámara”

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EL HOMBRE CON LA CÁMARA

Dziga Vertov, 1929

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Dziga Vertov, de verdadero nombre Denis Kaufman, es uno de los teóricos más importantes del cine. Su concepto del «cine-ojo» consiste en captar la completa objetividad de la realidad, sin preparación escénica ni ningún tipo de artificio (luces, guión, actores) que pueda tergiversarla. Ésta se complementaría posteriormente con el montaje para lograr la exacta dimensión emocional de las imágenes. Surgido a comienzos de los años veinte, tuvo su base en el grupo kinoks (formado por su esposa Elizavieta Svilova y su hermano Mijail Kaufman), representando un ideario de la esencia del cinematógrafo, de sus posibilidades como Arte independiente desvinculado de la literatura o el teatro. Es esta contraposición del «cine-ojo» frente al denominado «cine-drama» (la “creación” de la realidad por parte de la puesta en escena y la preparación del plano) la que Vertov ya había ensayado de forma ininterrumpida en sus noticiarios mensuales titulados Kino pravda («cine-verdad»). Pero no será hasta 1926, auspiciado por los responsables del cine soviético (muy a pesar de que las teorías de Vertov, en el fondo, no les resultaban del todo convincentes), cuando el «cine-ojo» alcance su verdadera dimensión con ¡Adelante, soviet! (1926), La sexta parte del mundo (1928) y, sobre todo, El hombre con la cámara (1929).

Para Vertov, las posibilidades del cinematógrafo son infinitas. La cámara capta fragmentos de la realidad que escapan al ojo humano y, por ello, la fusión entre dicha realidad y el cine es la base de su investigación estética. Mediante las técnicas más experimentales del montaje (ya apuntadas por Lev Kulechov o Vsevolod Pudovkin), Vertov indaga en el movimiento, en el ritmo interno de un San Petersburgo captado inicialmente en el letargo del amanecer y mostrado, posteriormente, en el frenético ritmo diario. Los tranvías que se cruzan con los transeúntes en las calles, la incesante actividad de las fábricas y de la producción en cadena, el dinamismo de los ejercicios deportivos… todo ello es captado y analizado por el cameraman y por el propio Vertov mediante la sucesión imparable, aparentemente arbitraria, de rápidas imágenes y de simbólicas sobreimpresiones que se van abocando a un compás verdaderamente paroxístico en los minutos finales del film. Siempre bajo la omnipresente fusión de un primerísimo plano del objetivo de la cámara y un ojo humano. El hombre con la cámara es, también, un híbrido poderoso y profundamente emocionante entre la técnica y la poética, entre una mirada reflexiva a los intersticios de una ciudad industrial, mediante los planos en las fábricas y de los dispositivos mecánicos tomados desde un prisma totalmente vehemente, y el cariz humano con el que Vertov retrata los rostros de los niños, las mujeres, los ancianos e, incluso, un parto.

Aunque, posteriormente, Vertov fuera combatido por el régimen de Stalin y relegado a la filmación de noticiarios hasta, prácticamente, su muerte, la influencia de su obra y, más concretamente, de El hombre con la cámara se hace patente en cineastas como Jean Vigo, Joris Ivens, Chris Marker o, incluso, en el cine político de Jean-Luc Godard.

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