Diligencias

000 Diligencia

000 Diligencia 

 

“Pero donde se encuentra un arsenal inagotable de datos concernientes a los medios de transporte durante los primeros años del siglo presente es en los cinco tomos del Itineraire Descriptif de l´Espagne, por Alexandre de Laborde, impreso en 1809.[…]

Para el correo de Andalucía se empleaban carruajes de cuatro ruedas tirados por mulas, recorriendo las 100 leguas de la capital a Cádiz en cuatro días y sus noches. En los demás caminos marchaba la posta a caballo. […]

Los coches de alquiler eran de tres clases: volantes o calesines, calesas y de colleras, todos bastante incómodos, pero por regla general muy sólidos, pudiendo recorrer con algunos de éstos en ocho días la carrera de Madrid a Irún.

Dice Laborde que él viajó mucho en mula, tomada por temporada, acostándose en las posadas sobre un jergón de paja, y cubierto con la manta que llevaba a caballo; una vez adquirida la costumbre se duerme como en la mejor cama.

El medio más económico de viajar consistía en reunirse a las recuas de mulas de arrieros. Los eclesiásticos y negociantes caminaban de este modo, reuniéndose a veces hasta 30 caballerías y costaba cada legua a razón de cuatro reales. […]

Los coches de colleras eran más sólidos que elegantes y tenían cuatro asientos. Les enganchaban seis mulas colocadas de dos en dos, atadas por simples cuerdas bastante largas que dejaban mucha distancia entre las parejas. El aspecto de los carruajes era bastante singular y a veces imponente, aunque en realidad había poco peligro. “No se puede ver sin inquietud a las mulas al galope sin ningún freno, retenidas por unos ramales de gran longitud que les permite alejarse o acercarse, errar a la ventura, recorrer caminos tortuosos y rabotenses, con gran celeridad; parecen siempre próximas a volcar hacia los profundos precipicios, pero la inteligencia de los conductores y la docilidad de los animales evita los vuelcos. No tienen estos más guía que la voz del conductor, cuyas inflexiones obedecen con admirable rapidez, bastando un grito del mayoral para dirigirlas o detenerlas. Las anima, las empuja o acelera; las hace girar a la derecha o a la izquierda; las aleja y aproxima, o las para repentinamente. Si una mula se desvía o retrocede la llama por su nombre, que generalmente corresponde al de un grado de la milicia generala, capitana, comisaria y la bestia  lo comprende y obedece. El mayoral y el zagal están siempre vigilantes, y al menor peligro, desciende el último del coche para ponerse a la cabeza del tiro y guiarlo con maña volviendo en seguida a su puesto”.

Manifestaba Laborde que se habían construido buenas carreteras, aunque todavía faltaban puentes, añadiendo que no había en España ninguna región que tuviese caminos tan hermosos como Valencia, excepción hecha de las Provincias Vascongadas.”

(Pablo Alzola y Minondo: “Historia de las obras públicas en España”. 1899)

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