Dragón

000 Dragon chino

000 Dragon chino

“El dragón es el monstruo universalmente más difundido, presente en todas las culturas, aunque su aspecto dista de ser homogéneo en todas ellas. […] Todos los temas simbólicos y alegóricos relacionados con el dragón se condensan alrededor de un tema constante: el de la lucha. La lucha del dragón contra un dios (Seth contra Apopis en Egipto, Apolo contra Python en Grecia, Zeus contra Tifón), o contra un santo (San Jorge, Santa Marta y muchísimos otros), o contra un héroe (Cadmo, Perseo, Heracles, Sigfrido, Beowulf) encierra en un esquema único significados distintos.

Los papeles que el dragón toma en esta lucha son fundamentalmente dos: el de devorador y el de guardián. La aparente oposición de los dos papeles, uno que tiende a la destrucción y al desorden, y otro que, por el contrario, garantiza el respeto de un orden establecido, apunta en realidad a una raíz común, de la que representan dos fases posteriores.

En la fase más antigua estos dos papeles se refieren a aspectos cósmicos (el dragón que devora el sol durante los eclipses y el que custodia los infiernos, por ejemplo); en el antiguo Egipto, formas varias de la serpiente cósmica personifican los diferentes papeles: tenemos a Sata, custodio de la tierra y del mundo subterráneo, y a Apopis, que personifica las tinieblas enemigas del sol, y que debe ser rechazado cada día. En Grecia, Python era el guardián de la fuente y de la gruta en la que Apolo fundará el Santuario de Delfos, después de haber muerto al monstruo. […]

En una fase posterior, el dragón, guardián de los lugares sagrados de la tierra o del mundo de los muertos, se convierte más prosaicamente en guardián de algún tesoro. Así, por ejemplo, el dragón muerto por Cadmo guardaba una simple fuente, o Fafnir, muerto por Sigfrido, custodiaba un tesoro de oro. Análogamente , el dragón cósmico devorador del sol se reduce a un simple y concreto devorador de doncellas: recodemos tan sólo el que mató Perseo, que iba a devorar a Andrómeda, o el muerto por Heracles, que iba a comerse a Hesíone, hija del rey de Troya Laomedonte. […]

El dragón está más marcadamente emparentado con la tierra y con el agua que con el cielo. Su relación con la tierra en general, y con las cavernas y el subsuelo en particular, está difundidísima. Pero el verdadero hábitat de los dragones es en realidad el agua: en la China la relación dragones-agua es constante; en Grecia todos los lugares están relacionados con el mar o con una fuente. Asia es por excelencia la tierra de los dragones. La noción de dragón en la China es extremadamente compleja. Es al mismo tiempo símbolo de realeza, del Emperador, de las regiones orientales y de la Primavera. El dragón chino presenta en cada pata cuatro o cinco zarpas, mientras que el japonés tiene sólo tres. Se dice que el dragón hembra engendra cada vez nueve cachorros: al primero le gusta la música, y por consiguiente los instrumentos musicales Koto y Suzum están decorados con dragones; al segundo le gusta el canto, y por este motivo sobre la cumbre de las campanas se representa un dragón; al tercero le gusta beber y eso explica la decoración de las copas; al cuarto le gusta los lugares peligrosos y abruptos, y por eso las cúspides de los templos están provistas de dragones; el quinto busca la sangre y la muerte, y por eso las espadas presentan dragones grabados; al sexto, en cambio, le gusta la cultura, y por consiguiente los libros tienen cubiertas ilustradas con dragones; el séptimo tiene un oído maravilloso, y así lo encontramos en los tambores, gongs y platillos musicales; al octavo le gusta el reposo, y por eso encontramos dragones en los sillones y las sillas [¡¡¡] ; finalmente, al noveno le gusta llevar pesados fardos, y esto explica por qué a menudo las patas de las mesas están formadas a modo de dragón.”

(Massimo Izzi: “Diccionario ilustrado de los monstruos”. 1989)

Be the first to comment on "Dragón"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*