El amor es el demonio

FICHA TÉCNICA: 

Año: 1998.

Nacionalidad: Reino Unido, Francia, Japón.

Director: John Maybury.

Intérpretes: Derek Jacobi, Daniel Craig, Tilda Swinton, Anne Lambton y Adrian Scarborough.

Guión: John Maybury.

Fotografía: John Mathieson.

Música: Ryuichi Sakamoto.

Duración: 90 minutos.

VALORACIÓN CINEMATOGRÁFICA  

            Es el año 1971 y Francis Bacon inaugura su exposición retrospectiva en el Grand Palais de París. Desde William Turner ningún otro artista británico había sido merecedor de tal honor. Es su consagración definitiva como uno de los grandes pintores del siglo XX.

 

             Así comienza El amor es el demonio, una película que narra la relación sentimental entre Francis Bacon y su amante y modelo George Dyer. Mediante un círculo narrativo que terminará por llevarnos de nuevo a la inauguración de la muestra parisina, el film retorna al momento en el que Dyer entró en la casa de Bacon con la intención de robar, y terminó por convertirse en su pareja y fuente de inspiración.

 

             Bacon y Dyer, seres complementarios provenientes de mundos antagónicos, vivieron una relación tumultuosa a medio camino entre los ambientes sórdidos del boxeo y el juego, y los más refinados y elitistas del mundo del arte. Su relación terminaría de manera trágica con el suicidio, mediante una combinación de alcohol y pastillas, de Dyer en práctica coincidencia con la exposición del Grand Palais.

 

              La película reproduce con acierto, aunque quizás excesiva insistencia, la estética deformada, agresiva y de luces tenebrosas de la pintura de Bacon, en una simbiosis entre la pintura y el cine que resulta interesante. Destacable es, sobre todo, la interpretación que Derek Jacobi hace de Francis Bacon y Daniel Craig (el último James Bond) de George Dyer. 

 

APROVECHAMIENTO DIDÁCTICO 

            El amor es el demonio se centra en la relación sentimental entre Bacon y Dyer y, en este sentido, su principal aportación didáctica es el conocimiento de la intimidad personal de Bacon (que tiene un reflejo indudable en su obra) y la relación que matuvo con el que fue su modelo en algunos de los cuadros más importantes de su época de madurez. En este sentido, el subtítulo de la película Un retrato de Francis Bacon, es muy esclarecedor.

 

            Sin embargo, este planteamiento, más íntimo y personal que artístico, de la película hace que no se incida en su forma de ver o prácticar la pintura. No encontraremos a Bacon pintando, salvo referencias marginales, ni reflexionando sobre el arte. Lo veremos con su amante en la intimidad del hogar, bebiendo con sus amigos o divirtiéndose en el boxeo. Pero este conocimiento también es importante para comprender mejor su arte descarnado.

 

            La visión de la película de John Maybury puede resultar interesante didácticamente, pero siempre que venga acompañada de una visión de los propios cuadros de Bacon y estableciendo un diálogo entre ambos. Sólo así se podrá entender mejor la pintura de Bacon y la singular plástica de los encuadres de la película.

 

    

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