El arte de Gauguin

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P. Gauguin: Te Rerioa (El sueño). Instituto Courtauld. Londres. 1897.

 

“Los impresionistas admiraban a los japoneses, pero su creación era artificiosa comparada con la intensidad y simplicidad que Gauguin perseguía. Éste, en un principio, estudió el arte de los aldeanos, pero se cansó pronto. Se sintió impulsado a huir de Europa e irse a vivir entre los nativos de los mares del sur, como uno más entre los indígenas, en busca de su salvación. Las obras que trajo al regreso desconcertaron incluso a sus antiguos amigos, tan salvajes y primitivas parecían. Pero esto fue precisamente lo que Gauguin deseó. Se sentía orgulloso de que se le llamara bárbaro. Hasta su color y su dibujo serían «bárbaros» para hacer justicia a los no corrompidos hijos de la naturaleza que había llegado a admirar durante su permanencia en TahitÍ.

Mirando hoy día alguno de aquellos cuadros no conseguiremos hacernos cargo del todo de tal actitud. ¡Hemos llegado a acostumbramos tanto a mayores «salvajismos» en arte! Y con todo, no es difícil advertir que Gauguin señaló un nuevo camino. No solamente es extraño y exótico el tema de sus cuadros. Gauguin trató de penetrar en el espíritu de los nativos y observar las cosas tal como son. Estudió los procedimientos de los artesanos indígenas, y con frecuencia introdujo representaciones de sus obras en sus propios cuadros. Se esforzó en retratar a los nativos de acuerdo con este arte primitivo, simplificando los contornos de las formas y no eludiendo el empleo de grandes manchas, de fuertes colores. A diferencia de Cézanne, no se preocupó de si estas formas y esquemas de color simplificados hacían que el cuadro pareciese plano. De buen grado ignoró los seculares problemas del arte occidental cuando creyó que proceder así le ayudaba a expresar la intensidad ingenua de las criaturas de la naturaleza. No siempre consiguió triunfar en su propósito de lograr la espontaneidad y la sencillez; pero su anhelo de alcanzar tales cualidades fue tan apasionado y sincero como el de Cézanne de una nueva armonía, y el de Van Gogh por aportar un nuevo mensaje, pues también Gauguin sacrificó su vida a su ideal. Sintiéndose incomprendido en Europa, decidió regresar definitivamente a las islas de los mares del sur, y después de algunos años de soledad y descontento murió allí víctima de la enfermedad y las privaciones sufridas”.

En E. Gombrich: Historia del arte.

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