El arte en las termas

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“La impresión artística de este conjunto arquitectónico [las termas] es fuerte, movida e hiriente.

Pero de este caos surge una fantasía de espacio y luz de gran fuerza expresiva, impresionante novedad y auténtico valor artístico.

En este monstruoso conjunto se cobija un museo de las cosas más diversas, apretadas en las recargadas salas: junto a unos adornos de escaso valor artístico, nos encontramos con verdaderos aspectos de auténtica valía.

Veamos, de pasada, tres de estos aspectos artísticos a que nos referimos:

Primero: La sucesión rítmica de las grandes salas en dirección al eje principal. Los inesperados saltos de lo grande a lo grandioso y de lo grandioso a lo colosal, y los pasos escalonados de las habitaciones estrechas a las grandes naves. Estas ideas son las mismas que  —debilitadas e idealizadas—   nos encontramos en el barroco occidental.

Segundo: un principio totalmente nuevo en la composición de las salas. Por primera vez aparecen bóvedas en forma de cruz, descansando sobre columnas gigantescas y formando una sucesión de baldaquinos, limitados por las paredes y las salas circundantes. Esta idea, recogida y sutilmente elaborada en las construcciones monumentales de la época justinianea, continuó haciéndose sentir a lo largo de toda la Edad Media.

Tercero (todavía más importante): una superabundancia de nuevos efectos luminosos: desde el rayo de luz que surge de un opaion (como en el Panteón), o la luz que se filtra por los artesonados de las bóvedas, hasta las luminosas nubes de vapor lechoso en el caldarium: de la clara cascada de luz que cae desde lo alto, hasta la quietud natural en la natatio y en las olas de luz frescas y móviles de las esferisterias basilicales.

La gradación de los tonos de luz de una habitación a otra y su delicada mezcla de caracteres diferenciales denotan, sin duda, una perfección artística. En este sentido, el empleo de unas formas tan diversas en cada habitación queda completamente justificado. Solamente un arte arquitectónico eminentemente de masas puede enfrentarse con una invasión de luces como la de las termas sin perder su realismo.

Este incomparable espectro de luces  —incomprensible sin una relación religiosa con la luz y los cuerpos que la emanan (culto al Sol y a las estrellas), que solo pudo hacerse realidad en los tonos de luces de las termas—  no se ha repetido en la Historia; posteriormente, lo más que encontramos son fragmentos de estas visiones (como la luz de una atmósfera penetrada de humo de incienso).

En cierto sentido, se puede considerar que esta idea fue la que ayudó a concebir la luz procedente del cielo en el bizantino y los brillos de luces espirituales del Barroco.”

(Hans Sedlmayr: “Épocas y obras artísticas”. 1959)

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