El coqueto aerodinámico rocanrol…

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“La primera buena mirada que le pegué a los autos pichicateados fue en un acontecimiento llamado “Festival Quinceañero”, realizado en Burbank, un suburbio de Los Ángeles, más allá de Hollywood. Era un lugar loquísimo para estar contemplando objetos de arte, debo precisar que en realidad uno tiene que llegar a la conclusión de que estos autos pichicateados [tuneados] son objetos de arte, por lo menos si utilizamos los patrones que se aplican en una sociedad civilizada. […]

Pero después de un rato me alegró haber visto a los autos en ese escenario natural que era, después de todo, una especie de República de Platón para quinceañeros. Porque cualquier cosa observada detenidamente en este festival arrojaba el mismo resultado. Estos muchachos son maniáticos de la forma. Su relación con ella es casi religiosa. Todos eran maravillosamente esclavos de la forma. Han creado su propio estilo de vida y a la hora de imponerlo son mucho más autoritarios que los adultos. No sólo eso, sino que hoy estos muchachos —especialmente en California— tienen dinero; y está de más decir que eso es lo que explica la presencia de los mercaderes de zapatos, vendedores de guitarras y la Ford Motor Company en este festival quinceañero. No me preocupa anotar que es esta misma combinación —dinero más esclavizada devoción a la forma— la que explica Versailles o la Plaza de San Marcos. Naturalmente la mayoría de los artefactos que produce el dinero-más-forma de estos muchachos es horrenda. Pero también lo fueron los cacharros que aparecieron en Inglaterra durante la Regencia. […] Pero el período de la Regencia vio algunas excelentes piezas de arquitectura formal. Y la sociedad formal de estos muchachos también ha aportado una cosa básica para un desarrollo formal de calidad —los autos pichicateados—. No creo tener que explicar que para estos muchachos los autos significan lo que la arquitectura significó para el gran siglo formal de Europa, digamos de 1750 a 1850. Ellos son libertad, estilo, sexo, poder, movimiento, color —todo está allí. […]

En el Festival Quinceañero conocí a George Barris, una de las celebridades del mundo del automóvil pichicateado. Barris es el primer nombre de ese universo. El es un buen ejemplo de muchacho que creció totalmente absorbido por el mundo automovilístico adolescente, que persiguó la llama pura y sus formas con una devoción que lo convirtió en artista. Fue como Tiepolo emergiendo de los talleres venecianos, donde las redondeadas ancas griegas de los murales del Paladio pendían de la atmósfera como nubes. Sólo que Barris emergió de entre los talleres de planchado de carrocerías en Los Ángeles. […]

Debo añadir que para Barris y los pichicateadores no existe un gran universo de forma y diseño llamado Arte. Sin embargo, Barris está dentro de ese univero. El no construye autos, él crea formas. Barris me conduce a través de Kustom City, y al principio el lugar es igual a cualquier taller de planchado, pero al rato uno comprende que está en una galería. Este lugar está lleno de automóviles jamás vistos. La mitad de ellos nunca alcanzará las pistas. Serán puestos sobre camiones y remolques y exhibidos en los festivales automovilísticos de todo el país. […] Pero en el fondo son como una de esas alfombras de Picasso o de Miró. Simplemente uno no camina sobre las malditas cosas. Lo mismo sucede con los autos de Barris. Son, en efecto, esculturas.”

         (En: “El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron“, Tom Wolfe, 1972)

         Para acceder a la web personal de George Barris (“King of Kustomizers”), pinchar AQUÍ.

         Para acceder a un video sobre fotografías de coches tuneados por Barris, pinchar AQUÍ.

         (Imagen de cabecera: George Barris junto a uno de sus coches tuneados)

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