El dios Amón y la química moderna

000 Templo Amon Siwa Oasis

000 Templo Amon Siwa Oasis

 

“En el 332 a. C. Alejandro estaba en Pelusio, pero los egipcios no combatieron contra él en este lugar, como habían hecho (infructuosamente) contra Senaquerib, Cambises y Artejerjes III. Sólo hacia nueve años que Persia había derrotado a Nectanebo II y había bañado en sangre a Egipto, y el recuerdo de la derrota estaba aún fresco. Alejandro fue acogido por unos egipcios transportados por la alegría de la liberación. En realidad, parece que los egipcios intentaron un acercamiento a Alejandro cuando éste estaba aún en Issos, implorándole que salvase a su país.

Alejandro tuvo gran cuidaddo en no hacer nada que estropease esta primera impresión favorable. Se doblegó a las costumbres egipcias y realizó los sacrificios necearios a los dioses, según los ritos locales. Trataba de que no lo considerasen un conquistador, sino un faraón egipcio.

Para facilitar el cumplimiento de este propósito, viajó hasta el oasis de Siwa [oeste de Egipto, cerca de Libia], en [el Desierto de] Libia, a unas 300 millas a occidente del Nilo, donde existía un templo de Amón, muy venerado. Allí efectuó los ritos necesarios para su consagración como faraón, e incluso aceptó ser hijo divino de Amón, según la costumbre egipcia. […]

Los griegos equipararon a Amón, principal dios egipcio, debido a una tradición que databa de la Dinastía XI, diecisiete siglos antes, a su más importante dios, Zeus. De ahí que el templo de Siwa fuese dedicado a “Zeus-Amón” (o a “Júpiter-Amón”, según la posterior versión romana).

Existe una relación especial entre este templo y la química moderna. El combustible es, como puede suponerse, muy escaso en el desierto, y los sacerdotes de Siwa utilizaban estiercol de camello. El hollín que quedaba tras la combustión en los muros y techos del templo contenía cristales salinos blancos que se llamaron, en latín, sal ammoniaca (“sal de Ammón”). De estos cristales puede obtenerse un gas, y este gas se llamaría más tarde amoniaco.

¡De esta forma el gran dios de Tebas, al que Ajenatón había desafiado sin éxito y que Ramsés II había considerado segundo respecto de sí mismo, sobrevive hoy en el nombre de un gas mordiente, conocido como componente de productos de limpieza!”

(Isaac Asimov: “Los egipcios”. 1967)

Be the first to comment on "El dios Amón y la química moderna"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*