El diseño cinematográfico de Joseph Urban

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“El proceso que condujo desde la filmación en lugares reales a la elaboración de decorados artificiales no fue repentino. Ante todo se hizo imprescindible contar con nuevos especialistas capaces de diseñar y construir esos ámbitos que antes se buscaban en sitios alejados. En un primer momento esos especialistas entraron como meros ayudantes del director. […]

La gran irrupción de los arquitectos se produjo al finalizar la década de los años diez. En 1920 la revista The American Architect afirmaba: “Ahora, durante el último año, los productores más poderosos y de mayor éxito han venido encargando a los arquitectos el diseño y la supervisión de los edificios de sus “sets”. Los resultados son tan satisfactorios que la diferenciación entre el diseño teatral y el cinematográfico parece ya clara: el primero pertenece a las artes decorativas y el segundo a las estructurales”. Por estas fechas se había desatado una curiosa “guerra de prestigio” alimentada por la irrupción en el campo cinematográfico del célebre magnate de la prensa William Randolph Hearst, y por la contratación de Joseph Urban para diseñar los decorados de Cosmopolitan Pictures.

Joseph Urban había nacido en Viena en 1872 y se formo como arquitecto en el ambiente refinado y vanguardista de la Secession, a la cual perteneció. En Estados Unidos realizó diversos proyectos arquitectónicos como el Pabellón Austríaco en la Exposición Internacional de San Luis en 1904 (que le valió el Grand Prix), o el mismo Ziegfeld Theatre en Nueva York, pero su verdadera especialidad era la decoración teatral. En 1904 hizo sus primeros diseños para la ópera y desde 1909 siguió una carrera fulgurante en este terreno con trabajos en la Ópera de París y otros muchos en Austria y Alemania. En 1911 el director de la nueva Opera House de Boston le invitó para diseñar tres producciones, pero Urban haría unas treinta en un período de tres años. Desde 1924 Urban diseñó los famosos “Ziegfield Follies”, espectáculos estravagantes y refinados que asombraron a sus contemporáneos. Cuando Hearst recurrió a Urban en 1920 para que dirigiera la construcción de los sets de “Cosmopolitan Productions”, el arquitecto era ya una verdadera estrella, el único capaz de aportar prestigio y respetabilidad a las películas.

El interés de Urban por el cine se debió incrementar también debido a la naturaleza arquitectónica del decorado filmico frente a la pictórica del teatro o la ópera. La cámara se mueve en el interior y alrededor de un espacio y ello exige construcciones en tres dimensiones muy parecidas a las que realizan habitualmente los arquitectos profesionales. El cine ofrecía la oportunidad para que el diseñador elaborase un mundo en su totalidad, desde el edificio hasta el mobiliario o la decoración sin olvidar “la atmósfera” sugerida por las luces y sombras. Elaboró tablas para comprobar cómo los distintos colres del decorado producían los semitonos de la fotografía en blanco y negro. También hacía pruebas para conocer el resultado final de diversas texturas y focos luminosos.”

(Juan Antonio Ramírez: “La arquitectura en el cine. Hollywood, la Edad de Oro”. 1986)

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