El juramento de los horacios

David

El juramento de los Horacios

 

El tema, inmortalizado en la pintura del pintor J.L. David, está sacado de la obra del historiador romano Tito Livio, Ab Urbe condita libri, en la que nos cuenta el curioso final con el que se decide acabar el largo enfrentamiento que en el S. VII a.c. enfrenta a las ciudades vecinas de Roma y Alba Longa, en pugna por el dominio de la zona.

Es reinando Tulio Hostilio, cuando se decide que para acabar definitivamente con el enfrentamiento, cada ciudad elegirá a tres jóvenes guerreros que se enfrentarán entre sí. Lo curioso es que la elección recae sobre tres hermanos trillizos romanos y otros tres trillizos de la ciudad de Alba Longa, que además estaban relacionados por lazos de parentesco. Los hermanos romanos pertenecen a la familia de los Horacios y los de la ciudad rival a la de los Curiacios. Aunque el verdadero drama de la cuestión es que una de las hermanas de los Curiacios, Sabina, está casada con uno de los Horacios, mientras que una de las hermanas de los Horacios, Camila, está prometida a uno de los Curiacios.

No obstante, este doble vínculo entre ambas familias no será obstáculo para que el padre Horacio exija a sus hijos luchar contra los Curiacios, y jurar una lealtad en la que se antepone el patriotismo a cualquier otro sentimiento. Y así lo hacen los hijos Horacios, que obedecen el mandato, entre los lamentos de las mujeres.

La trama la completa el dramaturgo francés Pierre Corneille, quien en el S. XVII nos relata en su obra de teatro Horacio la lucha final, que se resuelve con la muerte de dos hermanos Horacios a manos de los Curiacios, a excepción del propio Horacio, que logrará matar finalmente a los otros tres rivales.

De regreso a Roma todos vitorearán su hazaña porque la ciudad verá así redimido su honor. Todos, menos su hermana Camila, que no le perdona que haya matado a su prometido. Ante lo cual, Horacio llevando sus ideales al extremo, mata a su hermana por su falta de patriotismo. Será por ello llevado ante los jueces, pero su enérgica defensa del honor frente a la debilidad de sentimientos como el amor, facilitará su inocencia.

Y este sentimiento precisamente es el que quiere destacar David en su obra, la exaltación de los deberes patrióticos que exigen el sacrificio de sus ciudadanos, así como la obligación de anteponer el deber público al privado. Una valoración moral relacionada con hechos de la tradición histórica clásica (aunque en este caso tenga un carácter legendario), en una tendencia que será habitual en la pintura neoclásica, y que en esta ocasión tiene además un componente ideológico relacionado con el contexto histórico del momento: el del apoyo de esos mismos valores patrios a la defensa de la Revolución francesa, de la que David fue uno de sus más ardorosos defensores.

David

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