El pantalón

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“El Viejo Mundo conoció el pantalón hace más de tres mil años, cuando los jinetes de las estepas comenzaron a llegar a las regiones del Asia ulterior. Forzándose entre sí a retroceder hacia el oeste, estos guerreros llevaban la indumentaria para su única ocupación: cabalgar. En etnias como la de los sármatas, establecidos al noreste del mar Caspio, las mujeres —para los griegos eran las amazonas— se vestían elegantemente con pantalones de cuero o de piel, más o menos largos, acompañados de botas sin tacón, lo que les permitía confundirse con la montura, al mismo tiempo que se protegían las piernas del roce de los flancos del caballo. La silla tal y como la conocemos ahora apareció en el siglo IV de nuestra era; los estribos, doscientos años después. Hasta entonces se contentaban con sentarse sobre un montón de mantas o de pieles dobladas.

El caballo moderno (equus) es originario de América del Norte. En el pleistoceno, los rigores del clima le obligaron a emigrar al otro lado del estrecho de Bering, cuando éste se transformó en un istmo que permitió a las hordas humanas cruzar del Antiguo Continente al Nuevo. Los animales que quedaron prisioneros sólo sobrevivieron hasta el décimo milenio antes de nuestra era.

Así, puede que los antepasados de los pieles rojas se cruzaran con los antepasados de los caballos que montarían más adelante. Unos 50.000 años antes de nuestra era, los caballos que llegaron a Siberia se dispersaron en grandes rebaños salvajes a través de Asia y Europa. Pero los hombres de Cromagnon occidentales no los domesticaron, sino que sólo los utilizaron como alimento. Los primeros pastores criaron caballos por su carne, su cuero y la leche de las yeguas. Los convirtieron en animales de tiro hacia el año 2000 a. C. en Oriente Próximo; se cree que los habitantes de las estepas, desde Asia Central hasta el sur de Rusia, llevaban diez siglos practicando la equitación a pelo.

Cuando se hicieron sedentarios, al final de su carrera, los iberoligures, los celtas y los germanos conservaron el recuerdo de su antiguo deambular en los pantalones (bragae en latín), que les distinguieron durante mucho tiempo de los pueblos mediterráneos. Por eso los romanos diferenciaban la Galia del Norte, Gallia Bragata o Galia con calzones, de la Galia Narbonesa, Gallia togata o Galia con toga”.

(En: Maguelonne Toussaint-Samat: “Historia técnica y moral del vestido. 3. Complementos y estrategias”, 1990)

 

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