El retrato neoclásico

000 Conde Potocki por David

000 Conde Potocki por David

“Indudablemente, como tantas veces se ha dicho y se ha repetido, la pintura neoclásica alcanzó en el retrato sus más altas cotas cualitativas. Pero no es cierto que el retrato proporcionase al artista un pretexto para eludir la regla de la imitación del antiguo: ningún “género” refleja mejor que el retrato la esencia de la poética neoclásica. El retrato neoclásico no es enteramente idealizante, no tiende a uniformar el “particular” o el carácter de la fisonomía, de la psicología, del vestido… con respecto a un tipo, que aporta la situación social, hasta la determinación del carácter individual. De David a Ingres, el retrato neoclásico (como la novela de la época) constituye una extraordinaria casuística de las posibilidades de relación entre tipo y carácter, individuo y sociedad, libertad y necesidad. […]

Incluso en David, el más lúcido exponente del neoclasicismo riguroso, el proceso artístico es netamente crítico. El retrato ecuestre del conde de Potocki implica una elección tipológica muy precisa: la referencia no es ya al antiguo, sino al retrato “heroico”, según el esquema fijado por Van Dyck en su periodo inglés. El proceso crítico y correctivo reside en la eliminación radical del énfasis celebrativo para llegar a una representación que no es menos encomiástica por el hecho de ser (o querer ser) absolutamente objetiva. Para eliminar el énfasis celebrativo era necesario reducir la dimensión perspectiva, definición ilusoria y sugestiva: caballo y jinete se encuentran dispuestos sobre un plano paralelo al del muro de fondo, que bloquea cualquier fuga en perspectiva. Encontramos ya, pues, ese tipo de construcción del espacio sobre coordenadas en lugar de sobre diagonales que, a través de David, se hará típico de toda la pintura neoclásica. Desaparece así el tema de la naturaleza como fondo de la historia, la representanción del personaje en acción “heroica”: más que un caballero en el campo, el conde Potocki parece un jinete practicando la equitación. Pero, si no hay admiración ni adulación, sí queda subrayada, en cambio, la nobleza intrínseca no sólo del caballero o del caballo, sino incluso del muro: un muro de grandes losas de piedra, antiguo, o por lo menos hecho a la antigua. En cualquier caso, un muro piranesiano, “parlante”, como los de Boullée.”

(Giulio Carlo Argán: “El valor de la “figura” en la pintura neoclásica”. 1971)

(Imagen de cabecera: “Retrato del conde Stanislas Potocki”, por Jacques-Louis David. 1781. Museo del Palacio de Jan III, en Wilanow, Varsovia) (Durante la Segunda Guerra Mundial este cuadro fue objeto de saqueo por las tropas alemanas, pasó a manos rusas al acabar la guerra y volvió a Polonia en 1956)

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