El Tetramorfos cristiano

Tetramorfos

El Tetramorfos cristiano.

 

La representación del Tetramorfos dentro de la iconografía cristiana comienza cuando el profeta Ezequiel describe en el Antiguo Testamento a cuatro criaturas que en su profética visión tienen de frente rostro humano, y de espaldas, rostro de animal. Así dice: “Había en ellos algo que se parecía al hombre, cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Sus pies eran rectos y la planta de sus pies como la planta del pie de un becerro y resplandecían como bronce bruñido. Debajo de las alas tenían manos de hombre, y tenían caras y alas por los cuatro lados. Por lo que respecta a su rostro los cuatro lo tenían de hombre, y los cuatro tenían cara de león en su lado derecho; en el lado izquierdo cara de buey, y en la parte de arriba cara de águila”.

De aquí derivan los cuatro “seres vivientes” que según el Apocalipsis de San Juan acompañan a Cristo dios, convertidos en símbolos de los cuatro evangelistas. Algo que queda establecido a partir del S. II cuando así lo estipula Ireneo de Lyon, que además señala que “el león representa la realeza, el buey de sacrificio, el hombre de la encarnación, y el águila del espíritu que sostiene a la Iglesia. Más adelante, en el S. IV, San Jerónimo,  asoció cada una de las representaciones animales con los cuatro evangelistas: a Mateo con el ángel, porque su Evangelio comienza con la Encarnación; a Marcos con el león, porque su Evangelio empieza con la figura del Bautista que es la “voz que clama en el desierto, potente y solitaria como el rugido de un león”; Lucas con el buey porque inicia su texto con el tema del sacrificio, en concreto el que realiza Zacarías, padre de San Juan Bautista; y Juan con el águila porque su contenido religioso eleva los espíritus como el vuelo de un águila.

Más allá de estos simbolismos los cuatro evangelistas encuentran otros muchos significados, relacionados con las tradiciones religiosas y astrológicas mesopotámicas en las que se basan constantemente los textos bíblicos. No olvidemos que una religión primitiva como la judía sólo encuentra sus referentes intelectuales cuando el pueblo de Israel vive el éxodo al que lo envía Nabucodonosor II en el año 586 a.c., y el consiguiente cautiverio que hubieron de sufrir en la ciudad de Babilonia. Por eso algunos relacionan los símbolos de los cuatro evangelistas con la astrología zodiacal babilónica, de tal forma que el toro de Lucas se relaciona con el signo de Tauro, el león de San Marcos con Leo, el águila con Escorpio y el hombre alado, con Acuario, pues esas eran las constelaciones que marcaban las estaciones en esa época. También se relacionan con los cuatro elementos y con las cuatro cualidades divinas: Amor, Justicia, Poder y Sabiduría. Hay más correlaciones con el número cuatro: cuatro son los ríos del Paraíso, los profetas mayores del Antiguo Testamento, los doctores de la Iglesia, las partes del mundo, los temperamentos humanos, las Virtudes y los puntos cardinales. Se trata por tanto de un simbolismo universal de múltiples lecturas.

Su representación en el mundo del arte es muy amplia especialmente en el arte románico, en el que la imagen de un dios poderoso y autoritario como es la imagen del Pantocrátor, está siempre asociada a la iconografía complementaria del Tetramorfos. De todas formas es frecuente también en el arte bizantino y en las miniaturas prerrománicas, así como en las etapas posteriores al Románico del arte medieval.

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