El vientre del arquitecto

Año: 1987.

Nacionalidad: Gran Bretaña.

Director: Peter Greenaway.

Intérpretes: Brian Dennehy, Chloe Webb, Lambert Wilson, Sergio Fantoni y Stefania Casini.

Guión: Peter Greenaway.

Fotografía: Sacha Vierny.

Música: Win Mertens y Glenn Branca.

Duración: 108 minutos.

VALORACIÓN CINEMATOGRÁFICA 

 

            Como todas las películas de Peter Greenaway, un director que logró sus mejores resultados durante la década de los años 80, El vientre del arquitecto, es una película que puede cautivar o irritar, en la misma medida, al espectador.

 

Para quien espere una película al uso, con una historia, un ritmo y un desarrollo fácil de asimilar, el film resultará muy complicado. Sin embargo, quien esté dispuesto a ver una película diferente, con momentos emocionalmente magníficos y una gran originalidad, El vientre del arquitecto, será un buen premio.

 

La película narra la historia de un arquitecto norteamericano especialista en Étienne-Louis Boullé que llega a Roma, acompañado de su esposa, invitado para organizar una exposición sobre el arquitecto francés. De inmediato, comienza a sentir los primeros síntomas de un cáncer de estómago, que coinciden con la crisis de su matrimonio y la pérdida de confianza de los organizadores de la exposición. Lo que comienza siendo un refinado ejercicio cultista termina siendo un viaje a los infiernos.

 

Lo mejor de la película son la sucesión imágenes de una Roma fascinante y auténtica, en la que la historia y la picaresca se aúnan, así como una banda sonora que nos proporciona pasajes hipnóticos.

 

En definitiva, un film sólo apto para cinéfilos pero con secuencias, como aquella en la que el protagonista rememora su estancia en Roma a través de recortes fotográficos, realmente magistrales.   

 

APROVECHAMIENTO DIDÁCTICO 

 

            Como tal historia, El vientre del arquitecto no tiene una utilidad didáctica sencilla. Dos serían los aspectos que desde este punto de vista nos aportaría el film. Por uno, las referencias a Étienne-Louis Boullée, incluidas las abundantes imágenes de sus proyectos. Por otro, la abundancia de secuencias en las que la cámara se recrea en el riquísimo patrimonio romano, desde el Panteón hasta la tumba de Augusto, desde Villa Adriana hasta el Foro.

 

            En ambos, eso si, el punto de vista que nos ofrece Greenaway no tiene una intencionalidad didáctica sino que requiere de un conocimiento previo. De ahí que El vientre del arquitecto sea más efectivo como generador de emociones a partir de conocimientos previos que como iniciador en mundos tan fascinantes como los del clasicismo romano o el racionalismo de Boullée.           

 

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