Escalinata Española

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“La empresa del Rococó más ambiciosa fue la Scalinata di Spagna, o Escalinata Española, construida entre 1723 y 1726 sobre diseños de Francesco de Sanctis (fallecido en 1731). En contraste con la escala reducida y la discreta localización de la Piazza di S. Ignazio, la Escalinata Española –que asciende la Colina del Pincio entre la Piazza di Spagna y la iglesia de la Trinità dei Monti—es de una fastuosa escala. Durante el siglo XVII se habían hecho muchos intentos por superar la abrupta ladera, pero por varios motivos habían fracasado todos ellos. Al ser propiedad de los frailes mínimos franceses de la Trinitá dei Monti, los obstáculos no fueron solo de orden práctico, sino también diplomático. Justo antes de su muerte en 1661, el cardenal Mazarino, entonces primer ministro de Francia, mandó diseñar a Bernini un proyecto que presentaba como elemento central una estatua ecuestre de Luis XIV de tamaño natural, un monumento mal calculado como para agradar al papa Alejandro VII en una época de creciente tensión entre los dos soberanos. La propuesta de Bernini para la escalinata, consistente en una serie de rampas rectas y curvas separadas por amplios descansillos, no deja de prefigurar el diseño definitivo en la diversidad de sus vías de acercamiento. Probablemente De Sanctis estuvo influido por un grupo de proyectos realizados por Alessandro Specchi en 1717-1721, el cual había también investigado las posibilidades dinámicas de expansión y contracción a lo largo de una serie desplazable de ejes.

La Escalinata consiste en una secuencia alternativa de rampas individuales y divididas, conectadas por espaciosos descansillos que brindan al visitante un pasaje escénico y reposado en ambas direcciones. Aunque la grandilocuencia del esquema se mantiene en la tradición barroca, la graciosa fluidez y los flexibles contornos del diseño son sin ninguna duda rococó. Además De Sanctis mostró también la típica preocupación del siglo XVIII por la funcionalidad y el confort. En una memorandum que acompaña a un proyecto que presentó a Clemente XI, el arquitecto afirma repetidamente que quería crear “un lugar acogedor que ofreciese a la gente el mayor esparcimiento”. Habría árboles que protegiesen del sol, se colocaría estatuaria para suavizar el perfil de las balaustradas y una fuente serviría de punto focal para el descansillo principal. De Sanctis pretendió desde el principio que el lugar hiciera la función de plaza (éste fue el término empleado por él para los descansillos principales) y de pasaje. Posiblemente no quedaría defraudado si pudiera volver hoy y la encontrase repleta de una muchedumbre de turistas sin aliento y de artesanos exponiendo su mercancía. Paradójicamente, la Escalinata Española ese probablemente más atractiva ahora que lo fue en el siglo XVIII, por la simple razón de que, a diferencia de otros muchos espacios públicos europeos, nunca se halla congestionada por el tráfico rodado.

El encargo de la Escalinata finalizó para De Sanctis de forma desdichada. En 1728 el lugar quedó muy dañado por una tromba de agua y se le hizo responsable del suceso en un proceso largo y turbio. No volvió a recibir otros encargos, muriendo en 1731. Los daños no se repararon hasta seis años después de su muerte.”

(John Varriano: “Arquitectura italiana del Barroco al Rococó”. 1986)

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