Escalinatas

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“Cuando afirmamos que con el Manierismo las escaleras se convierten en una forma artística, no queremos decir que toda escalera anterior (por ejemplo, las de algunos edificios monásticos medievales) haya de excluirse de la categoría de obra de arte, sino que ahora se le da un énfasis arquitectónico sin precedentes y se pretende que sea una obra de arte por derecho propio tanto como una estructura funcional. En las épocas anteriores y en el Alto Renacimiento, la escalera ocupaba un lugar humilde en el diseño arquitectónico; se la consideraba una necesidad que artísticamente era algo inconveniente y por eso se la relegaba a lugares de realce mínimo. En los años 1520 esta actitud se invirtió, cuando Miguel Angel puso, en el “ricetto” de la Biblioteca Laurenziana, una prominente unidad arquitectónica al servicio de la escalera, de modo que le debiera su existencia y mantuviese con ella la misma relación que una capilla con un altar o con un sepulcro. Esa escalera es una obra de arte muy elaborada y enfática, y los dibujos de Miguel Angel nos muestran ideas preliminares de una complejidad aún mayor. Sólo un poco después, hacia 1530, encontramos una evolución similar en le Château de Chambord. Se trata de una doble escalinata en espiral que recorre toda la altura del cuerpo principal y en cada planta coincide con el encuentro de anchos corredores axiales como si ocupase el crucero de una iglesia. Las reformas del Plazzo Vecchio para el duque Cósimo nos ofrecen una vez más un ejemplo muy interesante. En 1560-61, Vasari empezó habilitando una vía de ascenso mejor desde la primera planta, donde está el Gran Salone, a las plantas superiores, pero en seguida ambicionó un acceso grandioso a aquel desde la planta baja. El duque le contestó que las escaleras existentes bastaban y que Vasari debía continuar trabajando en cosas que fuesen realmente necesarias. Cósimo estaba en lo cierto desde un punto de vista funcional, pero estéticamente   —e incluso socio-políticamente—  se equivocaba, y Vasari pronto se salió con la suya. Lo que construyó, en circunstancias difíciles, era muy ingenioso pero, sobre todo, tenía mucha importancia histórica, pues inauguraba ese tipo de escalinata doble, que tan frecuente se haría en el siglo XVII. Al contrario que la forma barroca, aquí el visitante no puede abarcar visualmente toda la escalera, sino sólo sus partes sucesivamente. Hay en estas un elemento de sorpresa, como cuando, al subir por la izquierda, uno se encuentra en el segundo rellano ante la disyuntiva de seguir por la izquierda o torcer a la derecha, o bien, si se comienza a subir por la derecha, se llega al tercer rellano y se ve enfrente un tramo que desciende y otro que asciende, como en una montaña rusa.”

(John Shearman: “Manierismo”, 1967)

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