Étienne-Louis Boullée: la esfera

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Étienne-Louis Boullée (Paris, 1728 – 1799) ocupa un lugar privilegiado en el contexto de los arquitectos revolucionarios franceses de la época ilustrada. Autor de gran prestigio en su época, es conocido por la radicalidad de sus proyectos en los que apuesta por una pureza formal y volumétrica prácticamente sin precedentes.

Su proyecto de Cenotafio para Newton (que puedes ver en la parte superior) es uno de los ejemplos más conocidos de su trabajo. Para comprender las razones por las que Boullée apuesta por este tipo de diseños recogemos lo que el arquitecto escribe sobre la esfera en arquitectura:

“Se puede considerar al cuerpo esférico como continuador de todas las propiedades de los cuerpos. Todos los puntos de su superficie distan lo mismo de su centro. De esta singular propiedad resulta que bajo cualquier manera que contemplásemos el objeto, ningún efecto óptico puede jamás alterar la magnífica belleza de su forma que se ofrece siempre perfecta a nuestra vista.

El cuerpo esférico nos ofrece la solución a un problema que podría ser considerado una paradoja si no estuviese geométricamente demostrado que la esfera es un poliedro infinito. Y es que de la simetría más perfecta deriva la variedad más infinita. Ya que si suponemos la superficie de nuestro globo dividida en puntos, uno solo de estos puntos se ofrece perpendicularmente a nuestros ojos y todos los demás se nos aparecen bajo una inmesidad de ángulos diversos.

Las otras ventajas del cuerpo esférico son: desarrollar a nuestros ojos la mayor superficie posible, circunstancia que lo convierte en majestuoso; tener la forma más sencilla, belleza que proviene de que su superficie no tiene interrupción alguna, y por añadidura a todas estas cualidades, la gracia, ya que el contorno que delimita este cuerpo es tan dulce y tan natural como es posible.

De todas estas observaciones resulta que el cuerpo esférico, bajo todos los puntos de vista, es la imagen de la perfección. Reúne la simetría exacta, la más perfecta regularidad, la grandeza más variada; tiene el mayor desarrollo, su forma es la más simple, su figura se ve delimitada por el contorno más agradable; en fin, este cuerpo se ve favorecido de tal manera por los efectos de la luz que resulta imposible que su graduación sea más agradabe y más variada. He aquí las principales ventajas que obtiene de la naturaleza y que tienen sobre nuestros sentidos un poder ilimitado.”

BOULLÉE, Étienne-Louis, Arquitectura. Ensayo sobre el arte, Gustavo Gili, Barcelona, págs. 57-58

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