Fidias y las imágenes de Atenea

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Entre la figura de la diosa Atenea y el escultor Fidias parece existir una especial vinculación, si tenemos en cuenta que entre las numerosas obras de este autor, destacan tres enormes estatuas de Palas Atenea, a las que se le podría añadir un relieve también dedicado a ella.

Como decimos Fidias representó a Atenea en tres grandes estatuas: la Atenea Partenos que presidía la cella del Partenon; la gigantesca escultura de bronce de Atenea Promacos situada en medio de la Acrópolis; y la Atenea Lemnia, también de bronce y grandes dimensiones que le encargaron los colonos de Lemnos, y que pasaba por ser la más bella de todas ellas por “lo exquisito de su modelado”. No se ha conservado nada de ninguna de las tres, y sólo algunas imitaciones que se hicieron de ellas nos permiten hacernos una idea aproximada de cómo eran.

Así, la Atenea Partenos (Atenea Virgen), era una pieza crisoelefantina, es decir hecha a base de oro y marfil, y de unas considerables dimensiones, pues alcanzaba los 12 metros de altura. Montada sobre un núcleo de madera se recubrió después con láminas de oro desmontables, salvo en las partes correspondientes a los brazos y la cara que se hicieron de marfil. De ella comentaba Pausanias: …La estatua en sí está hecha de marfil y oro. En el centro de su casco hay una figura parecida a la Esfinge… y a cada lado del yelmo hay grifos en relieve. … La estatua de Atenea es de pie, con una túnica hasta los pies, y sobre su pecho la cabeza de Medusa está tallada en marfil. Sostiene una Victoria de aproximadamente cuatro codos y en la otra mano una lanza; a sus pies yace un escudo y cerca de la lanza hay una serpiente. Esta serpiente podría ser Erictonio. Sobre el pedestal está el nacimiento de Pandora en relieve. Su imagen fue venerada durante mucho tiempo, de hecho se sabe que la obra estuvo presidiendo el Partenón desde el 438 a.c. en que la monta Fidias hasta mil años después, si bien con retoques y remiendos, pues también sabemos que sus láminas de oro fueron desmontadas y empleadas para pagar al ejército en el S. III a.c. Poco después de terminada, Fidias fue acusado de apropiarse de parte del oro empleado en su confección, en un episodio que habría que incluir entre los muchos que se organizaron entonces para acabar con la figura prominente de Pericles, muy unido al escultor. Fidias marchó entonces a Olimpia, donde siguiendo la misma tipología empleada en su Atenea realizaría su descomunal escultura, también crisoelefantina, de Zeus.

La Atenea Leminia es tal vez la menos conocida. Sí se sabe que los colonos que Atenas había enviado a Lemnos en 450 a.c., mandaron dinero a Fidias para que hiciera una escultura de Atenea, que también acabaría colocándose en la Acrópolis, y que en atención a sus mecenas se llamó Atenea Lemnia. Su autor la realizaría por tanto en su momento de plenitud artística, poco antes de terminar la Atenea Partenos, porque como sabemos inmediatamente después marcha a Olimpia. Se trataba de una pieza hecha en bronce, algo mayor del tamaño natural, con la lanza en una mano, el casco en la otra y la cabeza descubierta. Pausanias también nos habla de ella y la consideraba la más digna de ver de todas las obras de Fidias.

En cuanto a la Atenea Promoacos, (o “Atenea en combate”) es la más grande de las escultura de Fidias, más incluso que la Atena Partenos y que el Zeus de Olimpia, que no pasaban de los 12 metros. La Atenea Promacos alcanza los 15 y estaba toda ella hecha en bronce. También es la más antigua de las tres, siendo levantada al parecer después de las guerras contra los persas, según testimonio escrito de Aristófanes y también de Demóstenes, por lo que podría fecharse alrededor de la década del 460 a.c. La pieza era descomunal, y situada en la Acrópolis, sobre un pedestal entre el Erecteion y el Partenon (que todavía se conserva), presidía desde lo alto toda la ciudad. Cuentan las crónicas de la época que cuando los barcos que se dirigían a Atenas doblaban el cabo Sunion, los navegantes distinguían los reflejos que despedía el bronce de la estatua. Por copias de la obra grabadas posteriormente en monedas puede deducirse que se trataba de una Atenea muy severa en su composición, que portaba casco, escudo y lanza.

Aún quedaría por añadir una cuarta Atenea, aunque en este caso se trata de un relieve y no está tampoco claro que sea obra de Fidias. Se trata de la Atenea pensativa, una hermosísima pieza encontrada en la Acrópolis y que hoy se encuentra en el Museo del mismo nombre. Se fecha alrededor del 460 a.c, coincidiendo por tanto con los primeros momentos del periodo del Clasicismo pleno. Atenea se inclina sobre su lanza y contempla reflexiva una piedra sobre el suelo. Así nos la describe Wilhem Wagner en su legendario libro sobre Grecia (Hellas) publicado en 1859, y reeditado un siglo después bajo la supervisión y la actualización de Emil Nack: “La diosa, inclinada la cabeza cubierta con el casco corintio, se apoya en la lanza y contempla, sumida en profundo ensimismamiento, una piedra estrecha  y alta que tiene delante, en la que hay inscripciones que no podemos ver y sí sólo inferir de la expresión de su mirada. El peplos dórico se abomba en torno a las caderas y cae en largos pliegues rectos semejantes a las estrías del fuste de una columna, cubriéndole las piernas. La hermosa contraposición del brazo derecho apoyado en el costado y el izquierdo levantado a la punta de la lanza; la pierna izquierda sostenida sobre los dedos del pie y la cabeza agachada del lado opuesto, dan al conjunto un equilibrio suave y armonioso, que presta a la diosa, a pesar de su pensativa gravedad, el frescor de la movilidad juvenil, haciendo de este sencillo monumento uno de los más bellos de la Antigüedad clásica.

No está claro que el relieve sea obra de Fidias, si bien su iconografía y la delicada belleza de su talla se aproximan mucho a la mano del maestro.

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