Foxcore

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“La irrupción de MTV, en 1981, supuso una importante revolución en la industria, pero no fue especialmente beneficiosa en el largo proceso de normalización de la mujer en el mundo de la música. Durante los primeros cinco años de existencia del influyente canal televisivo temático, la mujer fue abiertamente marginada. Una figura femenina no podía ser al mismo tiempo sexy, atractiva, buscar aprobación y además ser tomada en serio. El clip instauró una representación de la mujer como mejor objeto sexual.

No obstante, las bases establecidas por el punk y la new wave siguieron propiciando la aparición de bandas integradas por mujeres o de carácter mixto, pero con clara sensibilidad femenina. Frente al adocenamiento auspiciado por la televisión y los grandes medios, en muchas ciudades de Estados Unidos surgieron activas escenas minoritarias alrededor de las universidades y de la emisoras conocidas como “college radios”, que daban cobertura a multitud de bandas que trabajaban al margen de las grandes cifras. Comenzó a fraguarse una nueva escena alternativa, que contó con importante presencia femenina y que tuvo su eclosión global a principios de los noventa, cuando el fenómeno grunge con epicentro en Seattle alcanzó a la totalidad del planeta como surgido por generación espontánea, cuando en realidad supuso la culminación en términos comerciales y de difusión mediática de un germen cuyos primeros síntomas pueden localizarse ya en la primera mitad de los años ochenta, y donde la mujer sigue siendo participante activo. […]

En el extremo opuesto [a Kristin Hersh, Tanya Donelly, Juliana Hatfield, …] se encuentran artistas como Diamanda Galás […] Diamanda Galás ha pasado varias temporadas en hospitales psiquiátricos, como paciente y como “performer”. Define la esquizofrenia como la última forma de libertad, e integra rasgos histéricos en su trabajo, más que probable motivo por el que sus discos no han alcanzado nunca la repercusión obtenida por los de otras intérpretes femeninas. Militante radical en diversos frentes (se ha manifestado públicamente contra la homofobia o el sida), musicalmente ha sido encuadrada en diferentes ocasiones en la escena gótica o after punk, a causa del innegable contenido siniestro de sus canciones y estética, pero está más próxima del concepto encarnado por Lydia Lunch (la voluptuosidad de la abyección, la negación del cuerpo). Ambas utilizan en beneficio propio la imagen de la bruja ancestral para reformularla desde un punto de vista contemporáneo y presentarla como una terrorista que lucha contra la sociedad patriarcal. […]

El desarrollo de la escena alternativa norteamericana durante los años ochenta conforma en la década siguiente un panorama propicio para que los grupos surgidos del underground rompan sus fronteras naturales. En 1992, el fenómeno Nirvana lo confirma, y convierte a la ciudad de Seattle y al sonido grunge en epicentro geográfico del mapa rock mundial. El auge del rock alternativo y su acceso a los grandes medios contribuye también a que un puñado de bandas femeninas se haga escuchar con mayor fuerza. Aunque no se adscriben a ningún género en concreto, todas ellas comparten referencias sonoras punk y hard rock, actitud de confrontación y militancia underground. No forman ningún movimiento como tal, pero los miembros de Sonic Youth, catalizadores de gran parte de la música de riesgo de los últimos veinticinco años, se encargan de perfilar sus rasgos ideológicos. El guitarrista Thurston Moore comentaba: “Es el futuro. Muchas de las tías que se ponen a tocar en un grupo pueden sacarte las tripas con su música. Eclipsan a cualquiera de nosotros. Los tíos tocan rock solo porque quieren asombrar a las chicas. De hecho, todo el concepto de rock´n´roll fue creado por las mujeres e interpretado por hombres para satisfacerlas y entretenerlas. Eso, al principio. Luego descubres que, a medida que el rock comienza a evolucionar, los músicos empiezan a vestirse como mujeres, se impone el glam. Es una especie de reencuentro inconsciente con la realidad del rock. Tíos con sombra de ojos, carmín y leotardos. Ahora, al fin, ha nacido toda una generación de mujeres dispuesta a apropiarse de aquello que sus predecesores crearon. Así nacía el “foxcore”, término del que los grupos implicados siempre renegaron, pero que sirvió para definir, en palabras de la bajista Kim Gordon, “a una nueva ola de mujeres aguerridas dispuestas a bombardear el centro neurálgico de la falocracia del rock”.

(Eduardo Guillot: “Mujeres al borde de un ataque de nervios: Riot Grrrls y alrededores”. En: “Teen Spirit. De viaje por el pop independiente”, 2004)

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