Godofredo, el Diablo

000 Francis_Bacon

 

000 Francis_Bacon

“__ Ahí viene Godofredo, el Diablo  —dijo Fronesis, para romper la monotonía de los veedores, aunque procurando que sólo Cemí lo oyese.

Pasaba frente al grupo estacionado en el contorno de la cubeta, un adolescente de extrema belleza, de pelo rojizo como la llama del azufre. Blanquísima la cara, los reflejos de la llamarada del pelo se amortiguaban en una espiral rosada que se hundía, enrojeciéndose, en el cuello claroscuro. Se acercó, o mejor se detuvo para mirar el grupo en torno a la cubeta, cierto que con visible indiferencia. Traía la camisa desabotonada, las mangas cortas, los pantalones remangados, sin medias, así Cemí pudo observar cómo la espiral que se inauguraba con tonos rosados se iba agudizando hasta alcanzar un rojo frutal por todo su cuerpo, que hacía muy visible la dichosa energía de la mancha y los demonios de esa energía tan caros a Blake. Cuando Cemí oyó, Godofredo el Diablo, le pareció que oía aquellos nombres, Tiriel, Ijina o Heuxos, que había subrayado en sus primeras lecturas de Blake.

Toda la belleza de Godofredo el Diablo, estaba ganada por una furia semejante a la del oso tibetano, llamado también demonio chino, que describe incesantes círculos, como si fuera a morder a sí mismo. Estaba entuertado y con el ojo de polifemo que le quedaba, miraba a todos con reto de maligno, como si por todas partes por donde pasase conociesen su vergüenza. El ojo de nublo era el derecho, el que los teólogos llaman el ojo del canon, pues al que le faltaba no podía leer los libros sagrados en el sacrificio. El que no tuviese ese ojo jamás podría ser sacerdote. Parecía como si inconscientemente Godofredo supiese el valor intrínseco que los cánones le dan a ese ojo, pues se contentaba con ser Godofredo el Diablo. Detrás de la nube que cubría su ojo derecho, su pelo de una noble substancia como el de los animales más fieros, dardeaba en la cuerda de los arqueros del séquito del domador de potros. Su inquieta belleza lo asemejaba a un guerrero griego, que al ser herido en un ojo se hubiese pasado a la fila de los sármatas en sus crueles bullicios.

Bello Polifemo adolescente, al ver que todos se fijaban en su único ojo alzado, maldecía por cada uno de los poros de su belleza jamás reconciliada.”

(José Lezama Lima: “Paradiso”. 1966) (Imagen de cabecera, autor: Francis Bacon)

Be the first to comment on "Godofredo, el Diablo"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*