Hopper en movimiento

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“En octubre de 1906 un joven pintor norteamericano, Edward Hopper (1882-1967), llega a París. Viaja a Londres, a Holanda y Bélgica. Vuelve a París y el 21 de agosto 1907 retorna a Nueva York. Está de nuevo en París en 1909, el 18 de marzo, y otra vez en Nueva York el 9 de agosto. París le atrae, vuelve al año siguiente, en mayo, y ese mismo mes viaja a España. Visita Toledo, va de nuevo a París y vuelve a Nueva York en julio, ciudad en la que se dedica a la ilustración y la pintura comercial. En 1913 hace algunos de sus paisajes urbanos, por ejemplo el muy conocido Corner Saloon [imagen de cabecera] del MOMA neoyorkino.

En París descubre la obra de los pintores franceses, de Courbet (el Salon de Otoño de 1906 ofrece un retrospectiva de Courbet) y los impresionistas, y descubre el Sena, sus puentes y sus orillas. El Sena es para Hopper equivalente a lo que el Támesis es para Monet. Los resultados son bien distintos, y en su diferencia apreciamos algunos rasgos fundamentales de la pintura de la época, las tensiones que se manifiestan en los primeros diez años  [del arte contemporáneo, 1900-1910] […]

El joven pintor americano, Hopper, veía París con ojos bien distintos. En una carta del 30 de octubre de 1906 dirigida a su madre escribe: “París es una hermosa ciudad elegante, casi siempre ordenada y dulce tras el tumulto de Nueva York. Parace que todo ha sido concebido con la intención de formar un conjunto lo más armonioso posible, y, en verdad, se ha alcanzado este fin”.

Los cuadros que pinta con tema parisino responden a esta impresión. Patios interiores de casas, calles, una escalera, pero sobre todo el Sena y sus puentes. […] En todas estas pinturas advertimos la enseñanza del impresionismo y, a la vez, una orientación que lo niega: el orden del que hablaba en su carta  se transforma aquí en organización compositiva, pero una organización que atiende a la “capacidad visual” de los motivos para producirla. No es un orden externo a los motivos representados, se crea con ellos y en ellos. Los muelles, el río, los puentes, los edificios sobre el Sena se convierten en elementos pictóricos que construyen la imagen, y que en modo alguno ignoran o pretenden ocultar ese papel. Bien al contrario, si algo intentan es ponerlo de manifiesto. El orden de la ciudad se ha impuesto a la naturaleza.”

(Valeriano Bozal: “Los primeros diez años. 1900-1910, los orígenes del arte contemporáneo”. 1991)

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