Iglesia de San Martín. Frómista (Palencia). S. XII

La iglesia de San Martín de Frómista (Palencia) es hoy por hoy uno de los ejemplos más puristas y didácticos de la arquitectura románica, en parte por la perfección y la sobriedad de su construcción, aunque también debido al discutible proceso de restauración llevado a cabo a finales del S. XIX.

Sabemos que la fundación de la obra corresponde al deseo de Doña Mayor de Castilla, esposa de Sancho III el Mayor de Navarra, de fundar un monasterio en aquel lugar dedicado a San Martín de Tours. Así lo declara en su testamento de 1066, año de su muerte, dejando una parte de sus bienes en herencia precisamente para la construcción del cenobio y su iglesia. Por esa razón la historiografía tradicional consideraba esa fecha como punto de partida de la construcción del edificio, si bien hoy se desestima una cronología tan temprana, y se retrasa hasta los inicios del S. XII.

Del monasterio propiamente dicho poco se sabe, entre otras cosas porque los monjes lo abandonan apenas un siglo después, lo que acelerará su deterioro. No así la iglesia, que mantiene su culto y se enriquece además con toda una serie de añadidos posteriores, en especial los de finales de la Edad Media: un campanario sobre el cimborrio, y una sacristía añadida al hastial original. Pero con el tiempo también el templo se fue abandonando a su suerte, acelerándose progresivamente su quebranto, hasta el punto de amenazar ruina y prohibirse el culto a finales del S. XIX. Es entonces y debido a esa situación cuando se inicia el proceso de recuperación del edificio, primero declarándolo Monumento Nacional en 1894, y de inmediato comenzando su restauración arquitectónica dirigida por Manuel Aníbal Álvarez Amoroso. Su proyecto se planificó con la mejor intención, pero la moda historicista del momento convenció a Don Manuel Aníbal de reconstruir el templo románico en toda su pureza por lo que no dudó en prescindir de todos aquellos elementos que no fueran del S. XII, y de añadir otros que completaran escrupulosamente la construcción original. El resultado es un perfecto ejemplo de románico pleno, pero lo suficientemente desvirtuado como para no tomarlo completamente en serio.

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Frómista presenta planta basilical de tres naves, la central más ancha y alta que las laterales, crucero que no destaca en planta, y una característica cabecera triabsidial de capillas semicirculares. El crucero destaca en altura por su cimborrio octogonal cubierto con cúpula y apoyado sobre trompas, si bien se trata de otro de los elementos más afectados por la restauración decimonónica, pues hubo que sustituir el campanario del S. XV por la torre octogonal original que está por tanto completamente reconstruida. Resulta sin duda una estructura recia y monumental, que autores tan prestigiosos como D. Manuel Gómez Moreno relacionaban con influencias de la arquitectura del primer románico lombardo.

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Al interior, San Martín de Frómista también presenta una perfecta imagen de pulcritud románica. Sus tres naves se abovedan todas ellas en cañón reforzadas con sus correspondientes arcos fajones, apoyando sobre pilares cruciformes con medias columnas adosadas. Las capillas de la cabecera se cubren con cascarón, y el crucero con el cimborrio ya mencionado, cubierto como hemos dicho con una cúpula sobre trompas. El rigor ornamental es igualmente sobrio, dando una imagen de pulcritud constructiva a todo el interior, consecuencia sin duda de la restauración historicista llevada a cabo, pero también de la matemática proporcionalidad de sus medidas y de una talla exquisita de la piedra. Cuenta además, con una decoración labrada en los capiteles de enorme interés, en los que se intercalan temas historiados, zoomórficos y vegetales, aunque algunos son réplicas restauradas de los originales.

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Al exterior, el conjunto es también de una plena ortodoxia románica: muros sólidos, pequeños ventanales de medio punto (lo que insiste en la norma de que el muro prevalece sobre el vano), y elementos estructurales de una gran nitidez constructiva, distinguiéndose perfectamente contrafuertes, naves, capillas o el propio crucero. Y todo ello porque la decoración, aun siendo enormemente rica en esta iglesia, no enmascara para nada el propio armazón del edificio. Esa ornamentación que recorre todos sus muros efectivamente resulta magnífica: ajedrezado jaqués decorando las impostas, arquivoltas aboceladas alrededor de las ventanas, columnitas acodilladas, capiteles historiados, y decorando los aleros un total de 315 canecillos que reproducen los mejor del bestiario románico español.

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Tres puertas se abren al templo, la occidental, y otras dos en los muros norte y sur, situadas antes del crucero. Son muy sencillas y después de la restauración se rematan con simples arquivoltas lisas, si bien los aleros que las cubren en altura están ricamente decorados con canecillos figurados y ajedrezado jaqués. Eso sí, en uno de los acceso a las escaleras de caracol de una de las torres se conserva un precioso crismón trinitario.

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Dos torres circulares flanquean la fachada occidental y resultan cuando menos curiosas por tratarse de un elemento muy poco frecuente en el románico español. Algunos las emparentan con un vocabulario que recuerda la arquitectura carolingia, pero lo más probable es que se trate de una influencia más cercana, y de hecho aparecen otros ejemplos similares en las proximidades, como ocurre con algunos elementos circulares rematando las fachadas y una torre circular junto a la portada principal en la iglesia románica del Monasterio de San Isidoro de Dueñas (también en Palencia), o la torre románica del Monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos).

https://youtu.be/PlqIoHS3YpU

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