Ingenieros y arquitectos

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“Desde principios del siglo XIX el antagonismo entre la técnica y la estética tuvo dos polos de cristalización: la Escuela Politécnica, fundada en 1794 en los años agonizantes de la Revolución francesa por la burguesía industrial, y la Escuela de Bellas Artes, institución del Antiguo Régimen resucitada por Napoleón I en 1806. Los grandes matemáticos, químicos y físicos como Berthollet, Chaptal y Monge enseñaban en la Escuela Politécnica. Por el contrario, la Escuela de Bellas Artes tenía generalmente como profesores a académicos retrógrados. Estas dos escuelas rivales marcan la ruptura entre la idea de construcción y la idea de arquitectura, entre la idea de lo útil y la idea de lo bello.

La inmensa mayoría de los arquitectos, en el siglo XIX, no llegaba a comprender como un material como la fundición y el hierro producido por la industria y respondiendo a necesidades industriales, podía de modo alguno interesar a las Bellas Artes.

Es interesante recordar que la carpintería de hierro nació como consecuencia de una huelga de carpinteros en l840. Como esta huelga venía durando hacía tiempo y paralizaba los trabajos de la construcción, los Etablissements du Creusot tuvieron la idea de fabricar en serie viguetas de hierro. Si bien este material sustituto no llegó a desterrar por completo la madera, tuvo no obstante como consecuencia el nacimiento de una nueva corporación. Desde aquel momento, el mecánico iba a reemplazar al carpintero, como el ingeniero iba a suplantar al arquitecto, que abandonaba su puesto.

Son ingenieros quienes construyen los primeros puentes metálicos, las fábricas y las naves. Así, por ejemplo, William Fairbairn quien, en 1847, después de haber realizado experiencias con tubos de fundición, construye el puente más celebre de su tiempo: el Britannia Tubular Bridge. En la misma época, Fairbairn construyó una refinería de ocho pisos, en la que por vez primera se mezclaban elementos de fundición con elementos de hierro forjado. Pilares de fundición sostenían viguetas en forma de doble T ensambladas por tirantes. El tejado del edificio era plano. La invención del laminador y de las bisagras de acero intensificó el uso del hierro como material de construcción. Los industriales habían utilizado la carpintería de hierro como recurso contra la huelga. Por su parte los comerciantes iban a exigir de los ingenieros sistemas de grandes vanos que permitieran grandes escaparates. Los grandes mercados cubiertos requerían construcciones ligeras y móviles. Todas estas condiciones iban a darse cita en los dos productos arquitectónicos típicos del mundo industrial y comercial: los Grandes Almacenes y los pabellones de exposiciones universales.

Los Grandes Almacenes representaban una concepción completamente nueva del comercio, nacida de la desaparición de los contactos directos entre productores y consumidores, que son de rigor en las civilizaciones rurales. El Magasin au Bon Marche en París, realizado en 1852, está considerado como el primero en su genero. (…)

En la planta baja las superficies de cristal formaban una serie continua. Una combinación de patios encristalados, de pasarelas interiores y de columnas metálicas aparentes hacían de esta arquitectura el conjunto más sorprendente de cuantos existía, desde los “almacenes” de las reservas de la Biblioteca Nacional por Labrouste. Pero si bien en esta permanecía escondido lo más sorprendente, a saber, el techo de cristal cruzado por pasarelas de hierro, ahora, por vez primera, una ola de luz penetraba en un almacén”.

             (En: Michel Ragón:  “Historia mundial de la arquitectura y el urbanismo modernos (1800-1910)”, Barcelona, 1979)

 

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