Joseph Beuys

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P. Entonces, señor Beuys, ¿por qué el hombre se idealiza desde los pies?

R. Porque es imposible una actividad artística sin una toma de conciencia con la naturaleza. Y la más directa es la toma de conciencia con la tierra sobre la cual caminamos.

P. Esta es una declaración romántica.

R. Ciertamente. Creo descender desde luego del romanticismo alemán. Pero la línea del romanticismo alemán, históricamente, ha sido interrumpida por el positivismo; la burguesía y el capitalismo se han posesionado de la ciencia, han realizado la revolución industrial y han codificado así su supremacía.

P. En sus obras (acciones, diseños, “partituras” escritas) hay siempre una alusión crítica con respecto a la ciencia, casi un rechazo de la tecnología en favor, diríamos, de una especie de nueva alquimia.

R. No estoy contra la ciencia, sino contra la distinción entre arte y ciencia. He escrito una partitura en la que afirmo que arte es igual a hombre que es igual a creatividad que es igual a ciencia. No admito que el concepto de arte sea una negación del concepto de ciencia, sino que digo que lo contiene. El día en que los artistas  —y con este término entiendo todos los hombres creadores—   se den cuenta de la fuerza revolucionaria del arte, entendida precisamente como creatividad, comprenderán que arte y ciencia tienen los mismos objetivos. Por esto afirmo: la revolución somos nosotros.

P. ¿Qué significa?

R. Significa que el único medio revolucionario es un concepto total de arte que generará un nuevo concepto de ciencia. Y por esto en todas mis acciones trato de que el hombre tome conciencia de sus posibilidades creativas, las únicas que le pueden dar la libertad. Trato de vincularlo hacia abajo con la tierra, la naturaleza, los animales, que tienen un lugar importante en mis acciones, y hacia lo alto con los espíritus.

P. En sus partituras usted habla a menudo de Cristo. ¿Por qué?

R. Cristo   —no el Cristo del que se han apoderado las iglesias—   es, después de Platón, una figura de gran importancia. Cristo ha ofrecido a los hombres la libertad y como fuerza revolucionaria se ha servido también de la ciencia. Por esto una vez hice una obra en la que sobre una imagen de Cristo escribí: “el inventor de la máquina de vapor”.

P. ¿No teme correr el riesgo de hacer un tipo de arte que sea sólo información?

R. No me interesa. En mi trabajo los objetos, los diseños son elementos de segundo plano. El tiempo en que vivimos no está adaptado al hombre, y el fin de mi obra es precisamente la liberación del hombre de esta esclavitud. La única cosa que deseo es el coloquio con la gente: el arte me interesa sólo en la medida en que me da la posibilidad de comunicar, de estimular.

P. Sin embargo, también usted ha de someterse a la leyes del mercado y sus obras se mercantilizan.

R. No creo que mis obras   —ni cualquier obra de arte—   pierdan valor si se mercantilizan. Su contenido sigue intacto. En todo caso, como ya he dicho, lo que me importa es el coloquio, los objetos no cuentan mucho.

P. Con su acción artística, ¿piensa usted también hacer una acción política?

R. Ciertamente. Pienso hacer mucho contra el sistema, y el Estado se ha dado cuenta cuando ha tratado de expulsarme de la Academia de Düsseldorf. Yo creo que el sistema no tiene ningún instrumento adecuado de lucha contra el deseo de libertad del hombre. Cuando el hombre decide estár en condiciones de autodeterminarse, el capitalismo se ha acabado. Y yo enseño precisamente la autodeterminación.

(Entrevista a Joseph Beuys (Düsseldorf, 1921-1986) de Mario Perazzi en el “Corriere della Sera”, 1 – abril – 1973)

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