La abolición de los muebles

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“Queridos amigos, voy a revelaros un secreto: ¡No hay muebles modernos!

Para decirlo con más precisión: sólo pueden ser modernos los muebles que son movibles. Todos los muebles que están adosados de manera fija a la pared, es decir, que no son movibles, no pueden considerarse muebles verdaderos, como los arcones y armarios, urnas y aparadores que hoy día ya no existen. Esto no se sabía y de ahí surgieron todos los errores. Se creía que si, en todas las épocas, se habían pensado y hecho armarios y aparadores de su tiempo se tenía el deber de seguir creando estos objetos de manera moderna. Era erróneo pensar esto, porque, como actualmente ya no hay armarios, no pueden realizarse unos que sean modernos. Estos muebles no movibles sirven para guardar cosas. En el aparador se guardaba la porcelana, en el armario los vestidos. […]

Los arquitectos, me refiero a los modernos, también tendrían que ser adictos a lo actual, es decir, hombres modernos. La producción de muebles hay que dejársela a los ebanistas y tapiceros. Estos realizan muebles fantásticos. Muebles que son tan modernos como nuestros zapatos y vestidos, maletas de piel y automóviles. Evidentemente no se puede alardear de unos pantalones y decir: ¡Son de la Bauhaus de Weimar! […]

¿Qué ha de hacer el arquitecto verdaderamente moderno?

Ha de construir casas en las que todos los muebles que no sean movibles queden empotrados en las paredes; tanto si construyen una casa nueva como si sólo arregla una ya existente.

Si los arquitectos hubieran sido siempre hombres modernos, todas las casas tendrían armarios empotrados. El armario empotrado inglés tiene ya cien años. En Francia se construyeron las casas burguesas con armarios empotrados hasta la década 1870-1880. Pero la falsa revivificación de la arquitectura de armarios ha dejado marchitar esta adquisición moderna y, actualmente, en el propio París, sólo se construyen casas sin armarios empotrados. Las camas de metal, las de hierro, mesas y sillones acolchados, sillas y toda clase de asientos, escritorios y mesillas  —objetos todos ellos que pueden ser realizados modernamente por nuestros artesanos (¡nunca por los arquitectos!)—  tendría que procurárselos cada cual según su gusto, deseo y tendencia. Todo hace juego, porque todo es moderno (de igual modo que hacen juego mis zapatos con mi traje, sombrero, corbata y paraguas, a pesar de que los artesanos que los hacen ni siquiera se conocen).

Las paredes de una casa pertenecen al arquitecto. Puede hacer con ella lo que le plazca; y lo mismo que sucede con las paredes, también pasa con los muebles que no son movibles. No deben aparecer muebles. Son parte de la pared y no poseen vida propia como los fastuosos armarios que no son modernos.”

(Adolf Loos: “La abolición de los muebles”. 1924)

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