La Anunciación

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La Anunciación es uno de los temas más habituales dentro de la iconografía cristiana del arte occidental, especialmente a partir del periodo Gótico y del Renacimiento, momento a partir del cual cobra una especial relevancia el tema mariano.

Por “Anunciación” se entiende en concreto la visita del Arcángel Gabriel, enviado por Dios, a la Virgen María para pedirle que sea la Madre de Dios por la gracia del Espíritu Santo. Se relaciona a su vez con al Encarnación, porque es a través de esta visita como lo que hasta entonces era palabra, el Verbo, ahora se convierte en el ser de carne y hueso que será Cristo.

El episodio aparece en el Evangelio de San Lucas, que dice expresamente: “En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando a su presencia, dijo:

– Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

– ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

El ángel le contestó:

– El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

– Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró”.

Desde el punto de vista iconográfico puede aparecer la Virgen sola (como ocurre en La Anunciación de Antonello de Messina), aunque lo más normal es que aparezca la Virgen y el arcángel Gabriel. Es habitual que la Virgen aparezca en actitud sumisa y humilde, a veces de rodilla y a veces de pie, y el arcángel alegre aunque respetuoso. Pueden añadirse otras figuras, como la paloma que simboliza el Espíritu Santo, Dios padre, y muy raramente un niño Jesús.

En cuanto a otros atributos iconográficos, es repetitivo también que María aparezca con un libro abierto que representa el libro de oraciones que interrumpe en su lectura al llegar el arcángel. También es frecuente que el arcángel porte una azucena o un lirio, símbolo del amor puro y virginal, lo mismo que si aparecen puertas cerradas o jardines cercados aluden continuamente a un mismo símbolo de pureza virginal. Si en vez de lirios o de azucenas se representan claveles rojos, se asocian a la Pasión de Cristo, por el color y por la forma de sus semillas que recuerdan los clavos de la cruz. El rayo de luz, igualmente reiterativo, alude a la divinidad, que alcanza a partir de ese momento a María. En el caso concreto de La Anunciación de Fra Angélico del Museo del Prado, aparecen también Adán y Eva expulsados del Paraíso, símbolo en este caso de la redención del pecado original que para la religión cristiana tiene la llegada de Cristo.

Si como ocurre en el arte bizantino el tema de la Anunciación no deriva de San Lucas, sino del protoevangelio apócrifo de Santiago, la representación varía, de tal forma que la Virgen aparece o bien junto a un pozo o en su casa hilando, ya que el texto alude en concreto a que María al ir a llenar un cántaro de agua a la fuente, escucha una voz saludándola. Asustada por no entender de dónde viene la voz, regresa a su casa, donde se pone a hilar. Es entonces cuando el arcángel se presenta ante ella y le anuncia su maternidad.

Por lo demás las representaciones de la Anunciación son numerosísimas. Algunas tan tempranas como la que aparece en la Catacumba de Priscila, aunque su etapa de esplendor coincide con el arte Gótico y el Renacimiento. A destacar por su especial belleza entre otras muchas, las Anunciaciones de Simone Martini, Fra Angélico (que pintó toda una serie de ellas), Boticelli, la ya mencionada de Antonello de Mesina, del Greco, de Van Eyck, de Carlo Crivelli, e incluso ya en el Barroco la de Caravaggio del Museo de Nancy.

Es también frecuente que la escena de la Anunciación aparezca relacionada con la de la Visitación, pues ya hemos visto que en el texto de San Lucas se relacionan los embarazos de la Virgen y de su prima Isabel. Así ocurre en el famoso grupo de La Anunciación y la Visitación de la Catedral de Reims, por ejemplo.

 

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