La arquitectura de la luz

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El edificio representativo de la nueva sociedad urbana del periodo gótico es la catedral. Una construcción que es consecuencia de una distinta consideración religiosa, fenómeno en el que va a tener un tremendo protagonismo la divulgación de la filosofía neoplatónica. Sobre todo la vinculación que hace esta filosofía del concepto de Dios con el ámbito de la luz, que tendrá una gran repercusión en la nueva arquitectura.

En efecto, Dios es como la luz, capaz de traspasar los cuerpos sólidos sin romperlos (caso del cristal), de ser fuente de vida, y de ser también principio y motivo de alegría y felicidad. La idea, difundida especialmente a través de los escritos del abad Suger, tampoco era completamente nueva, porque ya el Pseudo-Dionisio el Aeorpagita la había utilizado con la misma intención mucho antes. Pero sí es cierto que en este momento se convierte en un objetivo primordial en la concepción de los nuevos espacios religiosos.

Partiendo de estas premisas, es lógico que la catedral gótica, que es al fin y al cabo la morada de Dios, un rincón de la Jerusalén Celeste, deba concebirse en base a esta nueva espiritualidad cristiana como un espacio lleno de luz, lleno de Dios. Todos los cambios tectónicos y estructurales del nuevo edificio, irán en esta línea. Veamos cómo lo explica uno de los expertos más conocidos en el estudio de la catedral gótica: Otto Von Simson:

Según la metafísica platonizante de la Edad Media, la luz es el más noble de los fenómenos naturales, el menos material, el que más se acerca a la forma pura. Para un pensador como Grosseteste, la luz es incluso el término medio entre las sustancias corpóreas y las incorpóreas, un cuerpo espiritual o un espírtu corporeizado como él la denomina. La luz es además, el principio creativo de todas las cosas(..). Es el principio del orden y del valor. El valor objetivo de una cosa se halla determinado por el grado en que participa de la luz. Así se pregunta San Buenaventura ¿no empiezan a brillar los metales y las piedras preciosas cuando los limpiamos, no se enciende el fuego partiendo del negro carbón, y no es esta cualidad luminosa de las cosas una prueba de la existencia de la luz en ellas?

OTTO VON SIMSON: La catedral gótica. pp 71.

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