La Florencia de Dante

“Si paseamos por los barrios más antiguos de la ciudad y dejamos volar la imaginación, todavía podremos hacernos hoy una idea del aspecto que debió de tener la Florencia de Dante. Cacciaguida [tatarabuelo de Dante que vivió entre 1091 y 1148. Caballero que participó en la Segunda Cruzada Palestina (1147-1149)] vino al mundo en el viejo “sexto” de Porta San Pietro; en él se levantaba la casa de los Alighieri (destruida en 1302), rodeada por las casas, torres y palacios de muchas familias amigas o enemigas cuyos nombres —los Portinari, los Donati, los Cavalcanti, los Cerchi— se hicieron famosos gracias a la obra de Dante. El barrio aún conserva hoy, hasta cierto punto, el trazado primitivo de sus calles, que por un lado comprendía el espacio situado entre el Baptisterio de San Giovanni —en el que Dante fue bautizado— y el Palazzo Vecchio. El poeta presenció la colocación de la primera piedra del palacio antedicho y quizá hasta llegó a reunirse en la parte más antigua con el consejo al ser nombrado prior. […] El odio fraticida y ávido de destrucción de los florentinos y la prolífica creatividad de siglos posteriores han borrado las huellas del aspecto primitivo de las construcciones de Ducento (es decir, el siglo XIII). […] En el siglo XIII estaban a punto de concluirse los mosaicos del interior de la cúpula del Baptisterio, que habían comenzado maestros venecianos y bizantinos, aunque las zonas inferiores fueron finalizadas más tarde. El “Juicio Final”, con sus marcados contrastes entre el paraíso y el trono de Dios resplandecientes y el sombrío infierno, debió de estimular desde fechas tempranas la fantasía del futuro poeta.

En los años de juventud del poeta existía aún un número considerable de iglesias románicas: extramuros de la ciudad los dos monumentos más característicos eran San Miniato al Monte y la abadía de Fiésole; intramuros, la abadía Santa Reparata, y además San Salvatore, Santi Apostoli, San Jacopo sopr´Arno, San Pietro Scheraggio, monumentos todos ellos reformados o destruidos posteriormente. […]

A principios del siglo XIII, Florencia poseía más de ciento cincuenta torres pertenecientes a familias nobles, que a veces alcanzaban alturas de setenta metros; en 1250, tras la victoria del popolo, la primera constitución democrática prohibió construir por encima de los veintinueve metros, y todos los edificios de particulares que habían escapado a las oleadas de destrucción desatadas en el año 1248 como consecuencia del levantamiento fueron demolidos hasta cumplir el límite máximo prescrito.

La ciudad de San Gimignano [imagen de cabecera], edificada sobre una colina, nos ofrece todavía en la actualidad un modelo a escala reducida. Hemos de imaginarnos la Florencia del Medievo como un bosque de torres, sin una distribución regular, agrupadas en torno a los distintos clanes familiares. Una ciudad sembrada de fortalezas privadas, en medio de las cuales, en las estrechas callejuelas, se apiñaban las casas de los pequeños burgueses; daba la impresión de cada vecino se prevenía contra los demás: en vez de ventanas, las viviendas tenían en general simples troneras, […] En la actualidad, aún se distinguen muy bien los agujeros de los muros tras los voladizos en los que se apoyaban los maderos de puentes peligrosos y aéreos para pasar de una torre a otra, sorteando así la trampa mortal que suponían las callejuelas. […]

La ciudad se caracterizaba también por su semblante festivo, abierto al mundo, por su amor al progreso, por la inteligencia preclara de sus habitantes, su avidez de novedades y su amplitud de miras.

(Kurt Leonhard: “Dante”. 1988)

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