La fuente de mercurio de Calder

000 Fuente Mercurio Calder 1937

 

000 Fuente Mercurio Calder 1937

“…Sorprenderá un poco la colaboración de Calder en el pabellón siendo éste norteamericano y máxime además, cuando existía una norma por la cual se impedía la intervención de artistas que no fuesen del propio país de origen o bien franceses. Más el caso de Calder fue especial … […]

Los contactos de Calder con españoles se remontan a finales de los años veinte en París, cuando conoce a Miró junto a otros artistas como Arp o Leger, intensificándose esta relación en la década de los treinta gracias numerosos viajes a Barcelona, siendo precisamente en 1932 cuando por primera vez exhibió en sesión privada su celebre Circo en los locales del G.A.T.E.P.A.C., gracias a la organización de Amigos de las Artes Nuevas (A.D.E.L.A.N.) […] Todos éstos factores hicieron que la afinidad e interés de Calder por las cosas de España se acrecentase, de tal manera que cuando llegó el momento de construir el pabellón no dudó en prestar su cooperación. Él mismo nos relata el suceso:

“A causa de la exposición internacional de París, fuí un día con mi amigo Miró a ver el lugar donde iba a levantarse el pabellón español, en el que debía hacer él una gran pintura. Encontré a José Luis Sert, arquitecto del pabellón. Cuando ví lo que pasaba en el pabellón, que comprendía el “Guernica” de Picasso, ofrecí inmediatamente mis servicios para hacer cualquier cosa. Sert estaba en contra de mi participación pues evidentemente yo no era español, pero cuando más tarde él recibió una fuente para valorar, (las propiedades), del mercurio de Almadén, la cual parecía una fuente cualquiera, él me llamó para que le sacara del dilema” […]

¿Cómo era ésta primera fuente? Para contestar a la pregunta nada mejor que oir a dos testigos y protagonistas de excepción, los arquitectos Antonio Bonet y Josep Lluis Sert.

A. Bonet:

“Cuando estaba el pabellón a medio construir, llegó a París un camión del gobierno procedente de España, con una nota en la cual se advertía que su contenido había de colocarlo en lugar preferente por su significado político. Una vez abierto el camión vimos que era una fuente de mármol blanco que había sido utilizada en la Exposición Internacional de 1929 en Sevilla”.

J.L. Sert:

“La fuente vino de España, era de mercurio, vino en malas condiciones, teniendo unos mecanismos muy complicados y forma de bombeo. El mercurio tal y como se veía de la fuente que se trajo de España parecía agua. (Dadas las circunstancias), Calder intervino por sus conocimientos en la materia.”

Lo convencional de la fuente, de mármol blanco y el mal estado del mercurio, hacía necesaria una nueva reestructuración del continente y el contenido, una solución rápida. Esta fue llevada a cabo de una manera original y brillante por Calder, cuya participación desde aquel momento se hizo imprescindible.

Calder se enfrentó entonces a dos problemas, uno de tipo formal y otro técnico. Para el primero, empezó por realizar una maqueta de la nueva fuente, que posteriormente y bajo su dirección se confeccionaría a tamaño mayor en un taller de hierro forjado.

“La fuente de Mercurio” constaba de un estanque circular cuyo diámetro era aproximadamente de 2,20 metros, rodeado por una barandilla de tubo. En el centro del estanque había un surtidor… El surtidor proyectaba el mercurio sobre tres platos de diferente forma y tamaño que, puestos de manera escalonada, hacían que el mercurio recorriese un pequeño circuito hasta caer de nuevo en el estanque. No sin antes mover la pala extrema del primer móvil, lo cual ponía en acción al segundo móvil con la palabra Almadén. […]

El mercurio de Almadén, pues así rezaba en el brocal de la Fuente indicando su procedencia, es una de las riquezas más abundantes con que cuenta España desde tiempo inmemorial. En aquellas circunstancias el mercurio, ya de por si valioso se revalorizó todavía más por estar relacionado con la fabricación de armas. Los yacimientos de Almadén, así como la región minera de Peñarroya, fueron objeto durante el mes de marzo de 1937, de una gran ofensiva por parte de las fuerzas nacionales, meta que no llegaron a alcanzar. Desde entonces las minas de Almadén fueron tomadas como un símbolo reivindicativo al que habría que preservar. No en vano, cerca de la fuente y colgado del techo, existía una cartela de metal que en francés decía: “HE AQUÍ POR LO QUE COMBATEN LOS EJÉRCITOS INVASORES.”

(Fernando Martín: “El pabellón español en la Exposición Universal de París en 1937”. 1983)

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