La galería

000 Caleria Ciruelos

 

000 Caleria Ciruelos

“A diferencia del tradicional, el mercado artístico contemporáneo se caracteriza por la aparición de la galería, que surge cuando, debido al desarrollo de la burguesía, el mercado de arte aumenta y se complica, impidiendo la tradicional relación personal entre artista y comprador.

Si antes era el noble, la Iglesia o la Monarquía quienes compraban, ahora es la galería quien compra y vende arte, establece contratos y monta un aparato de propaganda cultural con fines comerciales (que le permita dar una mejor salida a los productos que tiene almacenados), con objeto de aumentar el valor de cambio de los productos, independientemente de que tengan o no utilidad cultural alguna (pero afirmando que la tienen): para la galería, el valor de uso de la mercancía es su valor de cambio. Naturalmente, semejante proceder se inserta en un contexto más amplio que no conviene olvidar. La libertad estilística que la considerable ampliación del mercado traía consigo (al menos potencialmente) y el desarrollo de las libertades formales (derechos) que acompañó al auge de la burguesía, se tradujo en una emancipación de la mirada y el decir del artista. El arte no se limitaba ya a servir los intereses del comprador, halagar sus gustos, sino que adoptaba —especialmente a partir del naturalismo, pero ya en el Romanticismo— una actitud crítica y una posición de independencia frente a lo establecido. […]

La aparición de la galería supone la competencia y la posibilidad de elegir y, por consiguiente, la valoración de la manera personal y la originalidad: la originalidad se convierte en la clave del estilo y la provocación parece la única posibilidad de echar abajo las tapias del ghetto en que está recluído —los ejemplos del surrealismo, dadaismo, expresionismo, etc. son ilustrativos de esa postura en sus diversos matices—, pero el sistema consagra la originalidad y nada dice de lo que la fundamenta y motiva. No sólo acepta, exalta el absurdo surrealista, pero “olvida” que el absurso es, para el surrealismo, una característica de lo real, del sistema mismo, “olvida” que la aceptada crispación y exaltación expresionista son exaltación y crispación ante un contexto socio-histórico rechazable, … En el momento en que, consciente o inconscientemente, el artista admite esa aceptación y ese rechazo se integra. […]”

(Valeriano Bozal: “Sobre la noción de estilo”. En: “Cultura y Capitalismo”, 1972)

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