La magia de la Gioconda

Leonardo0

Leonardo0

“La magia de la Gioconda se debe a un control sobre el espacio y el movimiento en el espacio, sobre la luz y las tinieblas. Ante la obra parece que estamos leyendo los consejos del Tratado para pintar retratos: Así, cuando desees pintar retratos, hazlo con mal tiempo o al caer la tarde, procurando que el retratado permanezca con la espalda en uno de los muros de ese patio. Al caer la tarde observa por las calles los rostros de los hombres y de las mujeres, y cuando el tiempo sea malo, ¡cuánta gracia y dulzura verás en ellos!

En su encendida descripción, en la cual comenta cómo Leonardo distraía constantemente a la mujer para que la sonrisa no se desdibujase nunca de su rostro, Vasari ve el cuadro como un  prodigio en cuya cabeza quien quisiera ver cuánto el arte pudiera imitar a la naturaleza, fácilmente podía verlo: “El nacimiento de las cejas, en las que se veían los pelos surgir de forma irregular, los orificios nasales que parecían vivos, la boca que asemejaba no colores sino carne son algunos de los detalles en los que se detiene”.

¿Qué tuvo la sonrisa de Monna Lisa para Leonardo?¿Por qué se obsesionó durante un periodo tan largo de tiempo en mantenerla en el rostro y en plasmarla sin llegar nunca a considerar la obra acabada? Sobre este tema hay tantas teorías como respuestas insatisfactorias, y sin duda una de las más conocidas es la propuesta por Freud: La sonrisa de la Gioconda subyugó a Leonardo porque despertó en su alma algo que en ella dormía desde mucho tiempo atrás, probablemente un recuerdo, y este recuerdo era lo suficientemente importante para no volver a borrase jamás, después de su resurrección, y obligar al artista a crearle continuas exorcizaciones. Freud concluye que esa es la sonrisa de la madre, Catalina: comenzamos a sospechar  la posibilidad de que la misma poseyera aquella sonrisa enigmática, perdida luego para el artista y que tanto le impresionó cuando volvió a hallarla en los labios de la dama florentina.

Marcel Duchamp fue uno de los primeros en releer el icono sagrado convirtiendo a Monna Lisa en un hombre con bigotes a lo Dalí. Ciertamente es un guiño muy en la línea del artista pero es, además, una forma curiosa de releer las tradiciones que ven en Monna Lisa las figuras más delirantes: un hombre travestido, una mujer embarazada y hasta el autorretrato de Leonardo, lo que vendría a corroborar su controvertida homosexualidad. Así, pues, ese gesto dadaísta de 1919 ponía de manifiesto las muchas contradicciones que la Gioconda ejemplificaba ya entonces.

Si para los iconoclastas de la vanguardia histórica la Gioconda era el símbolo último de un arte retrógrado y amanerado que debía ser trasgredido, Warhol enfrenta directamente a la Gioconda como icono insustituible de la industria cultural. Una, dos, muchas Monna Lisas afrontan el problema de la unicidad y desenmascaran la actitud contemporánea de adoración por la sonrisa sagrada. Ella, tan reproducida, tan plagiada, tan copiada falsa y verdaderamente se convertía en repetición de sí  misma, algo que, en el fondo, llevaba años sucediendo pues, ¿no hay al fin tantas Giocondas como interpretaciones se hayan dado de ella? Así Warhol llevaba a cabo un proceso inverso al que a través de los siglos había sufrido la imagen: ya no era una obra única con significados diferentes, sino una obra múltiple con un único significado.

Be the first to comment on "La magia de la Gioconda"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*