La máquina y el arte

000 Pote gallego fundición 1789

000 Pote gallego fundición 1789

“La filosofía de las relaciones arte-industria, sin dar importancia a la prioridad de una sobre otra, discurrió, a lo largo del siglo XIX por caminos separados, ajenos el uno al otro, encontrándose, por obligación, en los objetos que salían de los centros industriales. El arte siguió aferrado a la estilística tradicional de las formas occidentales y se abrió hacia formas exóticas de los pueblos no europeos que la arqueología y la política empezaban a dar a conocer; por último se inspiró en la fuentes de la naturaleza, exhuberante, metamorfoseándola hasta el punto de hacerla irreconocible. La industria, firme, intentó demostrar y demostrarse tanto o más hábil que el artesano o que el artista  —puesto que suplantó a ambos—  a la hora de la factura de los productos, superando siempre el “más difícil todavía”, emprendiendo una veloz carrera por conseguir cuanto las manos y el ingenio humano habían puesto en práctica a través de los años, hasta dar la impresión de que el producto salido de la máquina gozaba o podía gozar de las mismas categorías estéticas, sociales y técnicas que el objeto manual, añadiendo, además, ventajas económicas al resultar más baratos los productos fabriles. En cierto modo representa la venganza  —o el sometimiento—  de la industria sobre el arte, venganza o sometimiento que anula el segundo y falsea sin lugar a dudas los fines de la primera hasta crear unos subproductos artísticos e industriales que acompañaron todo el quehacer de mil ochocientos.”

(Pitarch / Dalmases: “Arte e industria en España. 1774-1907”. 1982)

(Imagen de cabecera: Pote gallego. Fundición de Sargadelos, h. 1789)

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