Luces, cámara ¡Acción! (persiguiendo a Caravaggio) I

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Contamos con una nueva colaboradora en nuestras páginas: Elena Roca, licenciada en Historia del arte por la Universidad de Valencia y docente en la enseñanza secundaria. A Elena la animamos a que participara en nuestra web y al final se ha decidido, aprovechando un viaje a Roma que se convierte en su texto en una hermosa aventura en busca de la belleza eterna que nos proporciona Caravaggio.

Su periplo es rico y prolongado y por ello hemos decidido publicarlo en tres capítulos, el primero de los cuales empieza aquí mismo:

ElenaRoca0000

 

“Como si estuviéramos inmersos en una película de acción, llena de planos rápidos, primeros planos, planos detalles, con encuadres que se cruzan una y otra vez, donde se alternan, de forma aleatoria, picados con contrapicados, arbitrarios y vertiginosos que se deslizan de un sitio a otro y cuyo leitmotiv narrativo racional no encontramos por ningún sitio, pues su lógica se deriva directamente del oráculo universal de las emociones, aquellas con las que Caravaggio se dedica a escarbar, ahondar y jugar hasta tocar las pasiones más recónditas de nuestro interior. Aquellas que nos son molestas de ver, y aún más, de vernos en ellas.

Señores y Señoras, El drama nos saluda y el telón se levanta. Expectantes contemplamos la obra de Caravaggio.

Cruzamos Piazza Navona y giramos a mano derecha. La función empieza fuerte. La escena se desarrolla en la Capilla Contarelli de San Luís de los franceses (1600-1602).A la derecha, “La vocación de San Mateo”, a la izquierda, “El Martirio de San Mateo”, En frente, “San Mateo y el ángel”.

En ellos se palpa la genialidad del artista. El dominio del claroscuro, a través del cual suele confeccionar la composición de sus cuadros, tal y como apreciamos en la Vocación de San Mateo. El naturalismo impregna la escena. Los arquetipos idealizados no asoman por ningún sitio, y el misterio se huele a distancia, encarnado fundamentalmente en el personaje que se dedica a recaudar monedas sin advertir la presencia de Cristo. El detallismo que lo envuelve resulta increíble. Un personaje cuyos ecos fisonómicos podemos apreciar en otras obras suyas como es el caso de David en “David con la cabeza de Goliat” (1609-1610).

Al girar la vista, los oídos comienzan a rechinar y la palpitaciones se precipitan, una detrás de otra, por el dramatismo que emana “El martirio de San Mateo”.

Escena compleja donde se amontonan personajes en diferentes planos. La luz, seleccionada según el clímax que quiere destacar, sin un eje claro que te ayude a organizar la composición. Confeccionado muy a su “maniera”, el movimiento y los escorzos se suceden uno detrás de otro. De entre ellos destacan por su belleza estética los personajes retratados en primer término, de espaldas al espectador y contemplando la escena. Es cuando te das cuenta que estás dentro del cuadro, junto a ellos, y que como el resto de personajes necesitas huir de allí por no poder seguir presenciando la crueldad del martirio.

Gritos y jadeos que se amortiguan al contemplar “San Mateo y el Ángel”. Lienzo inspirador, serpentino y de gran calidad. Inmerso en el tenebrismo caravaggesco. Aunque lo cierto es que el primer proyecto que presentó tenía mayor fuerza expresiva y por tanto una mayor coherencia estilística respecto a los otros dos lienzos que lo flanquean. Dicho trabajo fue rechazado por la propia Iglesia al considerar deshonesto la manera en que representó al santo. Cargado de humildad y del típico naturalismo pornográfico al cual nos tiene tan acostumbrados.”

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