Luces, cámara, ¡Acción! (Persiguiendo a Caravaggio) III

ElenaRoca0

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“Subimos por la “vía delle quattro fontane” llegamos al palacio Barberini, pero decidimos atrasar su visita. “la iglesia de San Carlino” nos pide que avancemos un poco más. Entre retranqueos y ondulaciones asistimos a una arquitectura viva. Borromini en estado puro. Donde la imaginación y la geometría nos saludan. En su interior, el juego barroco continúa. El magnetismo es grande pero tenemos una cita pendiente.

Salimos al exterior y descendemos la antigua colina. Llegamos a “Vía delle quattro fontane nº 13”. Cruzamos la verja de entrada, y tal y como hizo Audry Hepburn tras sus “vacaciones en Roma” decidimos franquearlo, sin echar la vista atrás. En este caso, El néctar de las abejas nos espera. Allá vamos!

Cruzamos diferentes estancias, saboreando los diferentes Tintorettos, Tizianos y demás obras que conforman la pinacoteca. Conforme vamos avanzando por la galería nos vamos encontrando más cerca de nuestra apoteosis final. En un momento dado, la mirada adquiere, de manera inconsciente, una doble dirección. Por un lado, observa los cuadros de su alrededor y por otro busca ese último escenario que tanto ansía. Y es así, como lo descubre. Con el rabillo del ojo derecho, que inquieto y husmeante, se vanagloria de lograr su objetivo.

En la sala dos personas pululan por nuestro alrededor, decidimos acercarnos. Opto por coquetear y charlar con el resto de obras que presiden la sala. Una pseudoindiferencia creada no más que para acrecentar las propias expectativas. Con el clímax interno apropiado me dirijo hacia ellas. Enfrente, “Judith cortando la cabeza de Holofernes” (1599). A su derecha, “Narciso” (1599).

Como si se tratara de Kim Novak en “Vértigo” contemplando a su querido retrato de Carlota Valdés, recuerdo aquella escena. Amontonándose sobre mis recuerdos, detalles del cuadro, que a modo de flashes tintados de un rojo encendido, descansan sobre mi inocente hipotálamo.

Delante de nosotros se nos presenta una temática eminentemente caravaggesca: la degollación, en este caso, a cargo de Judith, que a modo de una Medea resentida y vengativa, decide acabar con la vida de Holofernes. La psicología que se desprende de los personajes representados permanece como huellas en sus obras. La frialdad con la que judith corta la cabeza de Holofernes, le da el valor y la distancia necesaria con la que poder ejecutar la acción (Ceño fruncido y labios carnosos y sensuales que apretan hacia fuera). Se trata de personajes que, sin muestra de un gran esfuerzo físico, acaban fácilmente con sus contrincantes y que de los cuales se desprende una expresión parecida (tal y como podemos comprobar en “David con la cabeza de Goliat” o en “María, Santa y El niño” (cuando éste pisa la serpiente que tiene cerca de sus pies) Una mueca de triunfo contenido. Orgullosos y satisfechos de haber encontrado la justicia que ellos consideran necesaria. En ellos no asoma la culpa ni los remordimientos, sólo la muerte del adversario, ejecutada por la facilidad y premeditación que sólo tiene el que gana. Por ello son victorias sobrias y nada exultantes. Cortes secos y radicales, movidos por la venganza del que sufre y la repugnancia que siente hacia su víctima. Impulsos, maquillados y rebajados por el propio Caravaggio para crear un estilo humilde y directo. La contención de las expresiones resultan simplemente magistrales, generando con ellas una especie de híbrido difíciles de interpretar y cargadas de un fuerte magnetismo y misterio escenográfico. Un drama que nos llega a paralizar cuando cruzamos miradas como es el caso del personaje de Nicodemo en “El descendimiento de Cristo” (1604) o con Santa Catalina en “Santa Catalina de Alejandría” (1597) (que actuó como preludio de sus obras romanas).

No puede faltar en sus obras, personajes concebidos bajo una modernidad increíble, como es el caso, entre otros, de la anciana que contempla la decapitación de Holofernes. Cargada de rasgos negativos y cuya vida queda custodiada por la guadaña y demás animales carroñeros. De ello se alimenta y su morbo crece conforme el mal aflora a su alrededor. Es feliz de ésta manera y es por ello que su presencia nos resulta casi más molesta que la de los propios ejecutores.

Dentro de este escenario dantesco, ruedan las cabezas, que a modo de “muñecos rotos” encarnan la muerte “de facto”. Sin palabras.

Como colofón, giramos la cabeza y nos topamos con el “Narciso”. No sabemos bien si respirar o llorar. Es cierto que, respecto a Judith, encontramos cierta paz al contemplarlo, pero el drama es más que evidente. Sólo tenemos que ser conscientes de los susurros que, a los lejos, las parcas nos emiten. Estamos ante el Narciso menos vanidoso de la historia del arte. Su reflejo, medio impresionista, nos avisa que en breve, cogerá la barca de Caronte. Su destino está predeterminado. Ya nada se puede hacer. Adiós Narciso. La melancolía atrapa nuestra alma como tu belleza nubló tus sentidos. Nuestro viaje también termina y con él se cierra el telón.

Pasen y vean si no han tenido ocasión de apreciar este espectáculo. Repleto de teatralidad e ilusión propiamente barroca. En él se conjugan diversos tiempos e interpretaciones muy personales del pasado.

Calando en su obra de un modo muy especial el clasicismo antiguo, en su vertiente más “patética” del helenismo, así como otros clasicismos más coetáneos a su vida, como es el caso del “manierismo renacentista” o de la “terribilitá miguelangelesca”.

Caravaggio, en sus obras nos traslada a escenarios remotos y polvorientos, en los que sus protagonistas encarnan la pobreza y la humildad de nuestros antecesores. A ellos, nos sentimos hermanados, no sólo por nuestra vinculación mediterránea, sino también cultural. Un naturalismo que traspasa fronteras llegando a obras de Velázquez, Zurbarán o Murillo, entre otros.

Vestigios del pasado, que junto a las obras de otros grandes artistas, sembrarán los inicios de nuestra contemporaneidad, tal y como podemos apreciar en el espíritu romántico del XIX, en las vanguardias del siglo XX, o en la formación de nuevas disciplinas que se dieron, fundamentalmente a lo largo de la centuria anterior, comos es el caso del cine.

Una estética que mama de un legado ya pasado pero más vivo que nunca. Colgados sobre una pared te están esperando. Sólo hay que dejarse llevar, y estar abiertos a todo aquello que ocurra. El resultado puede ser imprevisible. Ya nos contarás.

Por mi parte decir que ya no queda nadie en la sala. Las personas encargadas del mantenimiento han entrado para proceder a su limpieza. Así que cogeremos las chaquetas y los bolsos. Es hora de preparar la cena e intercambiar posturas.”

ElenaRoca00

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