Modernismo

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Si desde mediados del siglo XVIII y parte del XIX la renovación del arte consistió, básicamente, en la reutilización y recreación del repertorio histórico de formas artísticas, bien clásicas, bien medievales o bien exóticas, —como hicieron el Neoclasicismo y el Romanticismo— con el Modernismo se produce por primera vez el logro de un nuevo estilo desde el abandono del Barroco y el Rococó. El nuevo movimiento —desarrollado en Europa y Estados Unidos— se inició hacia 1890 y tuvo entre fines del XIX y 1905 su fase de mayor auge.

Tuvo como precedente el movimiento Arts & Crafts, que impulsaron John Ruskin y William Morris. Pero también recibe la influencia de la arquitectura e ingeniería del hierro, del arte japonés, de los Prerrafaelitas, el Impresionismo y el Simbolismo. Se aúnan por lo tanto, por primera vez, una voluntad tanto de crear nuevas formas ajenas a lo histórico, como la de utilizar los nuevos métodos, técnicas y materiales que estaban surgiendo de la industrialización.

Pero además el Modernismo tiene un sentido social y quiere crear obras orientadas a la mayoría, hecho que en 1890 expresó el arquitecto Henry Van de Velde diciendo: “Lo que beneficia a una persona es prácticamente inútil, la sociedad futura valorará lo que sea de utilidad social”, si bien dicho ideal no acabó de materializarse en un proyecto real.

Durante la primera etapa de la revolución industrial —salvo escasas y avanzadas excepciones como las sillas de Michael Thonet (1796-1871)— las obras técnicas y mecánicas eran consideradas totalmente distintas de las “bellas artes” y como mucho se intentaba “enmascarar” el objeto añadiéndole adornos historicistas superficiales o introduciendo en su estructura elementos decorativos. El Modernismo significó una reacción contra el mal gusto y peor diseño de los objetos creados hasta entonces por la industria. Representa un primer intento de integración del arte y la industria, de la forma y la función (por ejemplo, el Candelabro de seis brazos, de Van de Velde, 1899). Lo bello y lo útil empezaban con el Modernismo a unirse, a formar un todo, aunque el paso definitivo se de, ya en el siglo XX, con la Bauhaus y el Neoplasticismo.

El Modernismo en Francia se llamó “Art Nouveau” (nombre de una tienda abierta en 1896), en Alemania “Jugendstil” (Jugend=Juventud), “Modern Stile” en Inglaterra y Rusia, entre otros, y “Sezessionsstil” en Austria. También se le llamó “Estilo 1900”. Se trata de un movimiento que surge en las grandes ciudades industrializadas y como su objetivo es la obra de arte total su ámbito se extiende desde el vestido hasta la arquitectura, desde el mobiliario hasta la joyería y el urbanismo. No se distingue por lo tanto entre artes mayores (arquitectura, escultura, pintura) y menores (artes decorativas e industriales): todas tienen para el Modernismo el mismo valor. El artista que hasta entonces se había aplicado a crear cuadros, edificios, esculturas, etc. por separado, con el Modernismo empieza a tener una visión global del mundo de las formas como algo único e indivisible. El artista, desde ahora, da la misma importancia al diseño de una joya y de un mueble que al de un edificio.

Frente a lo académico e historicista (eclecticismo) el arte del movimiento modernista representa a la nueva sociedad burguesa que cree en el progreso y que busca un modo de expresión totalmente nuevo. Porque el Modernismo inaugura además ese medio tan característico del mundo contemporáneo que es la MODA. El Modernismo es la primera moda que se produce en la historia contemporánea y como tal moda responde a lo efímero, al consumo fugaz: a la rapidez de producción de la industria le corresponde la fugacidad de la moda en el arte y su rápido consumo y cambio.

El Modernismo, que se dio principalmente en arquitectura y artes decorativas, consigue totalmente alejarse de los estilos históricos y logró, por vez primera en el arte contemporáneo, la unión creativa de forma (belleza) y función (utilidad), de lo decorativo y lo estructural, en una forma única que integraba totalmente ambos elementos, si bien la ornamentación tendrá mucha importancia en esa forma única. En el Modernismo hubo un gran respeto por las cualidades del MATERIAL empleado en la creación de sus obras. A ello se une una voluntad de sacar de ese mismo material todas sus posibilidades expresivas consiguiendo finalmente obras equilibradas entre forma decorativa y materia.

Desde el punto de vista de la forma existieron dos ramas de evolución en el desarrollo del Modernismo. Por un lado la inspirada en la curva de las formas naturales, de lo vegetal y floral, que se desarrolló sobre todo en Bélgica, Francia y España, y por otro lado la línea que tomó lo geométrico rectilíneo como base del trabajo artístico (Inglaterra, Escocia, Alemania, principalmente). En España adquirió gran desarrollo la primera línea, sobre todo en Cataluña, con Antonio Gaudí, Domenech i Montaner, Puig y Cadafalch.

El Modernismo fue un estilo basado en la LÍNEA. Pero una línea que surge de las formas naturales y que invade todo el objeto o la construcción a que se aplica. Si el Modernismo aparece primeramente en obras de pequeño formato como son las decoraciones de cubiertas de libros (Libro de Mackmurdo, 1883) o en pequeñas piezas de cerámica (Vasos de Gallé, 1884) acabará por llegar a la arquitectura (Casa Milá, llamada popularmente “La Pedrera”, Barcelona, 1906, Antonio Gaudí). El Modernismo lo que busca es la OBRA DE ARTE TOTAL. De esa manera desde la organización de la planta de un edificio hasta su fachada, desde los picaportes de las puertas hasta los muebles de las habitaciones todo forma una unidad que recorre la linea ondulada de lo modernista. Hay que entender la obra modernista no como algo a lo que se aplica, superficialmente, una determinada decoración. Al contrario, una obra modernista adopta sus formas de igual manera que crece un vegetal o se mueve un animal. El exterior del edificio, de igual manera que sus interiores, refleja un único movimiento formal y estructural. La vida, el movimiento, el crecimiento recorre la obra modernista de la misma forma que nace y crece un ser vivo, de igual manera que brotan y crecen las plantas. De un extremo al otro de la obra modernista se manifiesta una única energía que se materializa en un movimiento único de lineas vivas y dinámicas. (Entradas al metro de París, de Héctor Guimard). Todo parece haber crecido a partir de una semilla. Y al igual que una flor, un árbol o un animal, la forma (belleza) constituye una unidad con la función (utilidad).

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