Mohenjo-Daro

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En el valle inferior y medio del Indo han aparecido y siguen apareciendo soprendentes ejemplos de ciudad muy primitivas, situables en el último período neolítico, el llamado eneolítico, por presentar los primeros testimonios del uso de metales. Efectivamente, ha de ponerse una atención muy especial en las ciudades que florecieron a orillas del Indo en el tercer milenio a. de J.C., singularmente en las de Harappa y de Mohenjo-Daro cuyas ruinas datan de mediados del mismo. Estas nos son ahora (desde 1921) bien conocidas gracias a las excavaciones de los últimos decenios. Mohenjo-Daro, la ciudad de orillas del Indo, ciudad de planta regular y viviendas rectangulares, precursora en el tiempo de otras de su género en el Oriente Cercano (Mesopotamia). Mohenjo-Daro ha mostrado un sorprendente grado de urbanización que supera a todo lo hasta ahora conocido, para su época. Ignoramos qué papel jugó en la Antigüedad. Desconocemos incluso su antiguo nombre, pues el actual (Mohenjo-Daro significa “Ciudad de los Muertos”) es muy posterior. Pero podemos afirmar que en su tiempo fue una gran ciudad. Trazóse con cierta regularidad siguiendo, sin duda, un plan preconcebido y premeditado. Tres grandes calles paralelas de 10 metros de anchura la cruzaban de N. a S. y dos de E. a O. formando barrios de 364 m. por 182 m. dentro de las cuales las calles principales se cruzaban en ángulo recto formando manzanas. Las secundarias eran estrechas llegando algunas a sólo 1,25 de anchura. Este trazado en retícula hace de Mohenjo-Daro el ejemplo conocido más remoto de una planta orthogónica. Dominaba a la ciudad una acrópolis dentro de la cual había edificios públicos como almacenes de grano, sala de asamblea, baños, etc. Se han conservado restos de su fortificación, así como, en la orilla del río, un dique para contener las crecidas del Indo. Las casas tenían por lo común un patio, lo que indica un cierta prosperidad general. Pero es más, la ciudad estaba provista de ciertos servicios no menos sorprendentes, como un sistema de conducción de agua que permitió tener no sólo fuentes públicas en abundancia, sino incluso suministro domiciliario, lo que, a su vez, posibilitó en las casas el uso del baño y hasta de retretes. Este complejo sistema de alcantarillado no tiene en su tiempo paralelo alguno conocido y habrá que esperar a los palacios minoicos del siglo XV a. de J.C. para volver a verlos de nuevo, incluso perfeccionados en algunos pormenores. Señalemos también, por su inesperada aparición, ciertos baños públicos con piscina (probablemente sagrada) al aire libre, de nada menos que de ocho metros de anchura por doce de longitud. A uno de los lados de este recipiente se habilitó también una sección menos profunda para niños. El sistema de aportación de agua es muy ingenioso. El canal tenía casi la altura de un hombre e iba abovedado…Similar y coetánea fue la ciudad de Harappa, sita más al N. y también en el valle del Indo. Ambas ciudades pertenecen a una misma cultura, ya muy avanzada, pues aparte conocer el cobre y fabricar el bronce, usaban el torno de alfarero con el que formaban recipientes finos, bien cocidos, ornados con pinturas.

Pero apresurémonos a advertir que el caso de Mohenjo-Daro es una excepción sorprendente, que lo normal en las primitivas ciudades de su tiempo, y aun de mucho después, tanto en el Oriente cercano como en Europa, fue la anarquía en las construcciones, la pobreza de ellas y la usencia o tímida presencia de servicios privados y públicos.”

          (En: “Urbanística de las grandes ciudades del mundo antiguo”, Antonio García y Bellido, 1983)

          Para acceder a abundante información sobre esta ciudad en la página que la UNESCO-Patrimonio Mundial dedica a Mohenjo-Daro (actual Pakistán), pinchar AQUÍ.

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