Piet Mondrian, mucho más allá de la simplicidad.

La abstracción pictórica supone en la Historia del arte el momento culminante en el que la expresión plástica se valora por sí misma, es decir por los valores que le son consustanciales al lenguaje de la pintura y no por su relación con la realidad circundante. Es un paso revolucionario, porque hasta entonces la historia de la pintura, como la de la escultura, había seguido una relación íntima con el naturalismo figurativo, que servía como nexo de unión entre la obra pictórica y el entendimiento del espectador. Aun cuando la pintura siguiera tendencias más simbólicas que naturalistas, como en el caso del arte egipcio o del arte románico por ejemplo, el soporte figurativo y la representación de la realidad seguían sirviendo de base a la expresión plástica. Ahora todo eso desaparece de un plumazo, y la pintura sólo se expresa a través de sus elementos esenciales: forma, composición, línea, color, luz, trazo, pincelada… Se considera que de esta forma, el arte alcanza su manifestación más sublime, porque lo mismo que la música transmite sus emociones a través de los sonidos, sin referencia ninguna con la realidad, de forma abstracta por tanto, y es capaz de sublimar nuestros sentimientos como el mayor de los artes, así también la pintura, despojada de todo aquello que le sería superfluo, alcanza por fin esa plenitud artística.

Fueron muchas las experiencias abstractas que se desarrollaron a partir de los primeros ensayos de W. Kandinsky, pero habrá una evolución constante en esos primeros años a reducir en la medida de los posible la utilización de esos elementos del lenguaje pictórico, como si de esa forma se obtuviera una mayor pureza en la expresión artística. Cuanto más simples y más sencillos fueran esos recursos, más libre y más puro el resultado final. De ahí, el desarrollo del Neoplasticismo liderado por P. Mondrian. En este caso no bastaba con la abstracción, sino que además había que simplificar las imágenes como los cubistas, en formas geométricas, para que de esta forma la pintura se redujera definitivamente a lo más esencial: abstracción y además, geométrica. Sin olvidar el color, igualmente simplificado: colores básicos, sin mezcla, y sin sombreado, planos. Con todo ello se obtenía así el estado más “puro” de la pintura. La plenitud intelectual del arte.

Es muy habitual que al contemplar un cuadro de Mondrian, una obra característica del Neoplasticismo pictórico, surja inevitable una sonrisa burlona que venga a desprestigiar la obra, precisamente por su propia simplicidad. ¡Cuántas veces habremos oído decir que un cuadro así lo puede hacer cualquiera y qué mérito tiene hacer una obra que podría haber pintado un niño! Pero precisamente es el desconocimiento del lenguaje que define la pintura el que nos puede llevar a semejantes conclusiones. El mérito de una pintura no está en su mayor o menor dificultad técnica, ni en su mayor o menor proximidad a la realidad visual, sino en el resultado final que es capaz de provocar en el espectador. En este caso habrá de tratarse de un espectador sin prejuicios, que se olvide de las referencias naturalistas para valorar la pintura y que sea capaz de distinguir sobre un lienzo la verdad de la pintura, su sintaxis conseguida de colores, formas, trazos y líneas en armonía: es decir el sentido último de la pintura pura. Todo ello sin olvidar que cualquier ruptura con la expresión plástica anterior supone siempre una innovación, y toda innovación artística es un logro formidable, reservado sólo a los talentos privilegiados, y no desde luego a los aficionados, ni a los niños. En la obra de Mondrian hay que mirar el cuadro libremente, sin ataduras ni obsesiones, y contemplar sus colores que saltan de un cuadrado al otro alegremente. Colores puros y limpios, llenos de intensidad. Y ver cómo contrastan con el blanco de los otros cuadros y con las líneas negras que los separan, en un damero de infinitas combinaciones de tonos, formas y colores. Y siempre en perfecta armonía. Y eso es lo que nos alegra la vista y nos llena el ánimo.  Sencillamente porque es una verdadera obra de arte.

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