Monte Testaccio, un vertedero, un archivo..

000 MTestaccioAccattonePasolini

 

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Las ánforas que llegaban al puerto de Roma llenas de aceite de oliva o de vino eran vaciadas en otros recipientes para proceder a su reparto y consumo. Una vez vacías las ánforas se llevaban a un vertedero no lejano al puerto y se procedía a romperlas, dado que no era rentable lavar las ánforas y volver a enviarlas a su lugar de origen. A sus restos se les echaba cal para evitar malos olores. Si en un principio la acumulación de las ánforas era fortuita, más adelante fue haciéndose de forma ordenada formando terrazas con muros de contención hechos también con fragmentos de cerámica. Poco a poco, desde el año 74 antes de Cristo y durante los siguientes 250 años, fue formándose lo que acabaría llamándose el monte Testaccio o Monte dei cocci, una colina artificial de unos 40 metros de altura y con una base, vagamente triangular, de 20 mil metros cuadrados. La colina sirvió a los romanos para celebrar carnavales y via crucis, así como de cantera de materiales de construcción y de lugar donde excavar frescas bodegas. La colina del monte Testaccio se calcula que se halla formada por los restos de unos 26 millones de ánforas, principalmente de aceite de oliva, procedentes en un 80% de la región Baetica, un 17% de la Tripolitania y el resto de Galia y diversas regiones de la península italiana. Con dichas ánforas se ha calculado que se habrían transportado unos 173 millones de kilogramos de aceite.

En 1872 el arqueólogo aleman Heinrich Dressel (1845-1920) inició las primeras excavaciones del Monte Testaccio, a partir de las cuales desarrolló una tipología para clasificar ánforas antiguas. Además fue el primero que descubrió que dichas ánforas procedían en gran parte de la provincia hispana Baetica y que fueron utilizadas para transportar aceite de oliva. Descubrió también que llevaban sellos, señales, textos grabados (antes de su cocción) e inscripciones pintadas (“tituli picti”) con tinta negra o roja (después de su cocción) y realizadas en el momento o después del envasado. Todas esas inscripciones ofrecen datos concretos sobre los propietarios del aceite (marcas de tres letras o “tria nomina”), productores u hornos (“figlinae”) donde eran fabricadas y cocidas las ánforas, o bien se refieren (generalmente cuando son inscripciones numéricas) a un lote específico de ánforas remitidas, el día y el año de la fabricación e incluso el nombre de quienes controlaban la producción. Los “tituli picti” o inscripciones pintadas (en tinta negra o roja, como ya hemos dicho) se realizaban generalmente sobre la panza del ánfora (aunque también sobre el cuello y la espalda del ánfora) e indicaban la tara, el nombre del mercader y el peso neto. A partir de esas inscripciones los empleados del Fisco romano podían verificar y controlar en sus registros todos los datos, anotando a su vez el nombre del lugar donde era hecho el control, el año consular, peso del producto y nombre del controlador. Son sin duda unas de las primeras etiquetas de producción de la historia. Son además una muestra del control que Roma realizaba de los tributos que rendían las provincias a la capital imperial. Para acceder a una excelente web con abundantes detalles y datos sobre el (vertedero-archivo histórico) Monte Testaccio, pinchar AQUÍ.

(Imagen de cabecera: Imagen de Pier Paolo Pasolini en el monte Testaccio, de su film “Accattone”(1961)

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